• Martes 15 de abril de 2008 | San Luis, República Argentina

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Editorial

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Una rutina lamentable

 

Tantos y tantos muertos y he-ridos provocados por el choque de vehículos, por la distracción, por la impericia y fundamentalmente por la imprudencia. Muchas veces resulta incomprensible que algunos conductores tomen determinadas decisiones o ejecuten algunas acciones totalmente alejadas de una conducta razonable. Y no cabe comenzar a analizar la respuesta de la policía o la acción de la justicia. Estas son otras cuestiones. El planteo principal pasa por el criterio de cada ciudadano a la hora de comportarse en la calle.

Tantos motociclistas sin casco, cargando inclusive a su propio hijo sobre la moto. Algunos vehículos atravesando el cerco de las Serranías Puntanas, cambiando el sentido de circulación. Muchos automovilistas, sin ningún cuidado, cruzan cualquier ruta por senderos muy peligrosos desconociendo advertencias y señales, teniendo a metros un paso seguro. Y conductores utilizando su celular mientras circulan por las principales arterias de la ciudad en horas en las que el tránsito es bien complicado. Muchas veces no sólo es hablar, sino entrar en enjundiosas discusiones o en búsquedas en lo profundo de carteras, libretas o agendas. En el medio niños saliendo de las escuelas, transeúntes abordando distintos medios de transporte y con los cientos de dificultades que plantea la calle bien de frente.

El estado de los distintos vehículos en muchos casos es lamentable. Ni luces reglamentarias, ni seguro, ni patente. La dirección y la suspensión no ofrecen la menor garantía. La chapa añora a la pintura. El color óxido nunca pasa de moda. Las gomas bien lisas y los neumáticos al borde del abandono. Los vidrios reemplazados por un plástico que apenas protege del viento. Ni pensar en contar con cinturones de seguridad, por otro lado quienes los tienen, muchas veces no los usan. El encendido muchas veces tiene que ver con juntar dos cables. Y el peligro latente en cada cruce.

Está claro que el peligro es para todos los que comparten el camino. Estos ciudadanos jurarían adorar a sus familias, sin embargo las someten a semejante riesgo.

Se le puede pedir a la autoridad la rigurosa aplicación de las sanciones correspondientes, pero es sabido que esto no resolverá el problema. Se requiere que la sociedad demuestre otra seriedad y otra conciencia. Se requiere exhibir otra prudencia. Por más operativos y campañas que se monten, si no hay una respuesta madura y un esfuerzo colectivo apoyado en la razón y en el sentido común, no habrá mejoría en este rubro. Y las estadísticas seguirán abrumando y seguirán buscando causas y fundamentos para explicar la carencia de atributos que sólo se obtienen con una adecuada educación. Y los mal llamados accidentes de tránsito, está claro que nada tienen de accidentales, seguirán siendo una de las principales causas de mortalidad en la Argentina.

En este rubro, la necedad, la imprudencia, el descuido, la dejadez, la permisividad tienen un precio que duele pagar y que la sociedad en su conjunto lamenta, pero no contribuye a reducir.