• Miércoles 26 de marzo de 2008 | San Luis, República Argentina

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Dos especialistas expondran sobre ludopatia

FAS invita a un seminario sobre la adicción a jugar

 

La Fundación de Acción Social (FAS) y la Universidad de La Punta organizan un seminario sobre ¿Qué es la ludopatía? y ¿Por qué seguimos jugando? para el viernes 4 de abril en las instalaciones de la casa de estudios que estará a cargo de las licenciadas Norma Siccardi y Vanina Levy.

Desde la organización informaron que los interesados en participar deberán inscribirse previamente al teléfono 429745 o bien personalmente a pasaje Salta 1372 de 9 a 13.

La disertante Siccardi es asesora de la Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación (AZAJER), filial Argentina, y también de la Asociación Jugadores Responsables de la provincia de Buenos Aires. Mientras que su acompañante, Levy es miembro de la Asociación Civil Jugadores Responsables de Buenos Aires.

 

¿Qué es la ludopatía?

 

Los especialistas consideran que el juego patológico o ludopatía no es un vicio, concepto comúnmente extendido entre la población, sino que se trata de una enfermedad que crea dependencia y adicción crónica, con la subsiguiente necesidad imperante de jugar.

A partir de esta conceptualización se entienden mejor todos los problemas que se le presentan al ludópata y a su entorno inmediato, así como las técnicas más eficaces para paliarla.

Desde FAS aseguran que existe la convicción, demostrada empíricamente, de que un enfermo ludópata, por su condición de dependiente, no puede dejar de jugar. Y la fuerza de voluntad sin ayuda especializada no tiene éxito.

Se pudo comprobar que la ludopatía no tiene una única causa desencadenante, sino que es un problema multifactorial, en el que existe un entramado complejo donde diversos factores predisponentes constituyen el núcleo esencial de la enfermedad.

Entre estos factores precedentes hay un déficit de personalidad como: baja autoestima, sentimiento de inferioridad, miedos, complejos y falta de responsabilidad, que denota inmadurez. Asociadas a estas carencias están las circunstancias personales del paciente, que provocan la ineficaz estrategia de afrontamiento de los avatares de la vida.

El eje en el cual se basa gran parte de la rehabilitación es la reestructuración personal que conlleva el promover la actitud esencial de afrontamiento y el establecimiento de límites precisos.

Generalmente el ludópata usa el juego como vía de escape ante diversas situaciones problemáticas, interiorizándolo como la forma más eficaz de afrontamiento. Este tipo de práctica se convierte en habitual hasta llegar al punto en el que el enfermo no quiere, no puede y no sabe desarrollar otro tipo de conducta, evitando así la realidad circundante.

Uno de los síntomas característicos de esta patología es la impulsividad. El paciente muestra deseos de satisfacer sus necesidades aquí y ahora y con una desmesurada frustración tras no obtenerse las gratificaciones inmediatas.

Para que todo el entramado del juego se pueda sustentar, la ocultación y la mentira son esenciales, llegando a un momento en el que lo único real de la vida del enfermo son las mentiras, constituyendo todo lo demás una nube de humo, ocultando su verdadero problema.

Las ganancias obtenidas en el azar son interpretadas como una falsa ilusión de control sobre el juego, denotando así una deficitaria actitud ante la toma de decisiones.

La ludopatía no se centra exclusivamente en el enfermo, sino que el entorno familiar debe aceptar su parte de responsabilidad así como asumirla, evitando el mero acompañamiento al enfermo. Por ello existen terapias donde se trata a los familiares para promover la conceptualización de las bases donde se sustenta esta patología.

Dentro de nuestra sociedad está muy enraizada la cultura del juego, puesto que desde la infancia crecemos, aprendemos y nos relacionamos a partir de las conductas lúdicas, por ello la prevención es fundamental.

En la actualidad, la edad de comienzo de la enfermedad está disminuyendo y la adicción a los videojuegos y consolas se está incrementando considerablemente, estableciendo la base para un factor de riesgo para una posible ludopatía.

La dependencia del juego tiene unos costes que abarcan desde el ámbito personal y familiar hasta lo laboral y social, deteriorando el ambiente y las relaciones, y transformándonos en meros títeres bajo del dictamen del juego.