• Viernes 4 de enero de 2008 | San Luis, República Argentina

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ESTABA AFECTADO POR PROBLEMAS FAMILIARES

Ubicaron en San Juan al remisero desaparecido antes de Navidad

 

Temían que se hubiera quitado la vida. El miércoles llamó a su mujer desde San Juan. Le dijo que está en un refugio donde entró en contacto con Dios y recibió su misión de predicar su palabra.

 

Poco después de que un llamado telefónico anónimo hizo pensar que el caso de Ricardo Alejandro Núñez, desaparecido desde la víspera de Navidad, había tenido el peor final, otro llamado telefónico les volvió el alma al cuerpo a sus familiares y a los policías que lo buscaban.

El primer llamado decía que en un campo de El Suyuque, el paraje donde vieron por última vez a Núñez la madrugada del 24 de diciembre, había aparecido el cadáver de un hombre. La oficial Lorena Menéndez, a cargo de la investigación por la desaparición del remisero en la comisaría 6ª, regresaba a la seccional con algunos testigos, después de comprobar que había sido una falsa alarma, cuando le avisaron del segundo llamado. Este último aviso provenía de la pareja de Núñez, Carina Ledesma, quien le informaba que su concubino acababa de llamarla desde la provincia de San Juan.

Así se supo que el hombre de 37 años desaparecido una semana antes en San Luis estaba en algún lugar de la provincia vecina.

Ricardo Alejandro Núñez está vivo y sano, pero no piensa volver a San Luis, al menos por ahora, porque está en contacto con Dios, según le dijo a su mujer en una comunicación telefónica que no duró más de diez minutos, el miércoles a la tarde.

Desconcertadas, la concubina y la madre de Núñez declararon esa noche en la Comisaría 6ª del barrio José Hernández y se comprometieron, ante un pedido de la oficial Menéndez, a avisar a la Policía si Ricardo vuelve a San Luis o se comunica con ellas.

 

Final con alivio

 

Núñez estaba separado de su mujer, con quien tiene tres hijos, y enfrentado con su padre y esos dos conflictos familiares habrían pesado en su decisión de irse. Tenía planeado cenar en Nochebuena con su madre, Liliana Pedernera, en el barrio Francisco Cáceres, pero no asistió.

El último en verlo fue un amigo que a las dos de la mañana del 24 lo dejó en cercanías de El Suyuque. Antes de despedirse le preguntó a Núñez si necesitaba algo: “Adonde voy, no necesito nada material”, respondió Núñez. Sus dramas personales y su misteriosa afirmación hicieron temer que se hubiera suicidado.

La Policía rastrilló El Suyuque y se comunicó con parientes del remisero en Buenos Aires, Mendoza y Merlo, pero no había pistas de él. El miércoles a la tarde un tal “Mario” llamó desde un celular para decir que en un campo de El Suyuque había un cadáver. La Policía acudió allá en masa y en el lugar sólo encontró a una viejita de 80 años. Ahora “Mario” no contesta a las llamadas de la Policía.

Aliviados por no haber hallado un muerto, los efectivos volvían a San Luis cuando la mujer de Núñez avisó.

Un rato antes su esposo la había llamado gracias a los 3 pesos que le había prestado un pastor evangélico y le había dado un número telefónico para que lo llamaran.

No le dijo en qué lugar de San Juan está, aunque le explicó que es un refugio similar al que Remar, que trabaja con rehabilitación de adictos, tiene en El Suyuque.

Cuando le preguntaron si quería que lo fueron a buscar les dijo que no porque ahora entró en contacto con Dios, quien le encomendó la misión de predicar su palabra.