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La capacidad de los sistemas
Dentro de las organizaciones operan muchos sistemas que son los que les permiten desarrollar su actividad. Existen sistemas previsibles, por ejemplo el de una producción automatizada donde comenzado el trabajo a partir de una materia prima se conoce el producto a obtener, los subproductos e inclusive, las cantidades de desperdicio.
En los sistemas en que interviene el ser humano las cuestiones se vuelven algo más imprevisibles dado que no siempre las conductas son las esperadas. Ante los mismos estímulos los hombres no siempre reaccionan igual. De cualquier modo la alta capacidad de los buenos sistemas consiste justamente en contar con un accionar previsible y tener un resultado esperado, más allá de variantes en el comportamiento del ser humano. Estas diferencias tratan de acotarse al máximo.
Entre esas organizaciones mencionadas se encuentra el Estado, y dentro de él existen múltiples sistemas de distinta importancia. Entre estos mecanismos están los sistemas de funcionamiento y control que son los que le permiten a los gobiernos llevar adelante las funciones que le son propias.
Sucede que en la Argentina los sistemas empiezan a develarse como absolutamente vulnerables, con lo cual los resultados de su labor son imposibles de predecir.
En los sucesos del boliche Cromañón, que no se deben olvidar, los médicos, los auxiliares, las víctimas, los bomberos actuaron de la mejor forma que pudieron y entregaron todo de sí para salvar la mayor cantidad de vidas que se pudiera y para aliviar el dolor de tanta gente. El recurso humano respondió más que bien lo que falló es justamente el precario sistema. La mayor culpa de los responsables es justamente sostener y defender ese sistema, sin aceptar su vulnerabilidad.
No es válido decir que se trataba de una situación de crisis o de una imprevista tragedia, justamente hay sistemas de emergencia especialmente diseñados para actuar en estas particulares circunstancias.
La clave parece ser que el comportamiento de los sistemas debe estar por encima de los comportamientos humanos. Nadie pretende que el sistema frene la mano de quien enciende una bengala e incendia un local repleto de gente. Pero sí un buen sistema hubiera evitado el ingreso con bengalas, hubiera vigilado la habilitación y las condiciones del local, hubiera controlado las salidas de emergencia y las condiciones en caso de incendio. Esto es lo que no funcionó y el problema comienza a ser que a poco que se profundiza, los sistemas de control y de funcionamiento hacen agua en todos los niveles. Y lo más grave parece ser que los ciudadanos y las autoridades saben que la mayoría de los sistemas efectivamente no funcionan y no resultarán eficaces a la hora de ser necesarios, único momento en el cual vale la pena que funcionen.
Lo que no se debe permitir de ningún modo es que otros objetivos que responden a otros intereses, distintos de los de los ciudadanos distorsionen el normal funcionamiento de estructuras creadas para el beneficio y la protección de todos. |