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MISTERIO EN EL FELIX BOGADO
Investigan la desaparición de una mujer en un barrio del sur
Luisa Lidia Almonacid hace quince días que no vuelve a su casa. La Policía allanó su casa y no encontró rastros de ella ni de su pareja quien, según los vecinos, regresó una noche y se llevó dos valijas.
Varias son las hipótesis que rodean a la desaparición de una mujer de 59 años a quien los vecinos de un barrio del sur de la ciudad vieron por última vez hace quince días. El misterio cobró más peso luego que personal de la Comisaría 3ª allanó la vivienda el viernes y no encontró rastros ni de la mujer ni de su pareja.
La búsqueda de Luisa Lidia Almonacid comenzó cuando su concubino de apellido Prado hizo una presentación en la seccional, supuestamente alarmado por la desaparición de la mujer.
Pero la ausencia de Luisa se plasmó en una hoja con la descripción de la ropa que vestía cuando la tierra se la tragó, el color de su cabello y de su piel marcada con un tatuaje en la muñeca derecha, bajo el título de solicitud de paradero después que la Policía llamó a su hija Paola, de 24 años.
Tras la presentación de la joven en sede policial, el abanico de posibilidades acerca del paradero de Almonacid se abrió sobre un terreno sombrío.
Fue entonces cuando con una orden de la jueza penal Carina Gregosraschuck los policías de la 3ª allanaron la casa 12 de la manzana L del barrio Félix Bogado. Aunque fue un procedimiento superficial, bastó para comprobar que la ropa, fotos y dos valijas de Prado tampoco estaban.
Paola estuvo en el momento de la requisa. Los vecinos vieron cómo en la pequeña casa, de frente con rejas rojas y un cantero prolijo entraban los policías. La chica se descompuso, al parecer, por una virulenta emoción.
También constatamos que Almonacid no está en Mendoza, de donde es oriunda. En esa provincia viven dos hijos de ella, informó el comisario Walter Cuello, jefe de la 3ª.
Cuello agregó que en el fondo de la vivienda había tierra removida, pero es por una ampliación que estaban haciendo.
Un vecino peligroso
Si de Luisa los vecinos dejaron de tener noticias de un día para el otro, no sucedió lo mismo con Prado. A los pocos días de la desaparición de Almonacid, el hombre volvió a la casa acompañado por varios hombres, cargaron dos valijas en una Trafic blanca y le pidió a unos vecinos que le dieran de comer a los perros y les dejó una bolsa de alimento balanceado.
Prado no goza de la simpatía de sus vecinos. Lo definen como un hombre parco, maleducado y violento que en más de una oportunidad descargó las balas de su revólver en plena calle. Una fuente policial reveló que Prado se mueve en el negocio de la noche.
Una vecina que vive enfrente es la que más lo padeció. Dijo que en una oportunidad hizo en la Seccional 3ª una denuncia porque Prado arremetió a los tiros contra un grupo de chicos que le rozaron el auto mientras sus hijos jugaban en la vereda. En represalia, cada vez que se cruzaban Prado la escupía.
Cuello deslizó que las peleas en la pareja eran habituales y Almonacid solía estar en la puerta de su casa con la cara cubierta por moretones.
La vecina que lo denunció agregó que la insultaba a gritos y que los gruesos calificativos que el hombre articulaba también caían sobre su hijastra Paola.
Cuello barajaba ayer la posibilidad de hacer otro allanamiento, más profundo que el anterior. No se descarta ninguna posibilidad. Esperemos que el desenlace no sea el peor, señaló.
contexto
Mujeres de la noche
Lo que habría desatado la ira de Prado sobre Almonacid fue la partida de Paola de la casa del Félix Bogado. Al parecer, Prado tenía pensado para su hijastra una vida montada sobre zapatos de tacos altos.
Luisa era el sustento económico de Prado, quien la obligaba a prostituirse, reveló un familiar de la mujer, que pidió la reserva de su nombre. Y consideraba a Paola como su jubilación.
La chica se escapó de la casa el 6 de junio pasado. Esa fue la última vez que vio a su mamá; sólo de forma esporádica hablaban por teléfono.
Dice el familiar que Paola se descompuso cuando entró a la casa porque pensó encontrar a su madre sin vida. Una vez que hablaron por teléfono, Luisa le dijo a su hija que se quería ir. Era por las amenazas, los golpesÉ una vez hasta le puso un revólver en la cabeza a su hijastra.
Con demasiados hechos oscuros en su corta vida, Paola se enamoró y ahora vive en pareja. Prado, aseguró el familiar, los vigila permanentemente. |