• Martes 20 de noviembre de 2007 | San Luis, República Argentina

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Opiniones

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¿Qué piensa Martín Lousteau de la economía argentina y regional?

 

Ultima parte

Por Mariana Prado, NA

 

Al respecto, indicó que las cotizaciones deben mantenerse “dentro de rangos que hagan viable la actividad productiva”, dado que “un tipo de cambio flotante y en niveles competitivos resulta clave para evitar la volatilidad excesiva”.

Así, consideró que “un tipo de cambio competitivo y tasas de interés reducidas, que puedan ser mantenidos mediante el superávit fiscal, y baja la inflación” es “la combinación de políticas macroeconómicas necesarias para lograr un desarrollo económico más sensato, menos oscilante”.

Además, remarcó que “el empresario Pyme (...) debería ser el principal sujeto de políticas permanentes que pongan en pie de igualdad para competir”, dado que considera que es “quien menos capacidad posee para prevenir y cubrirse ante las crisis”.

Hasta acá, todo acorde con la actual política económica que lleva adelante el presidente Néstor Kirchner y que, se supone, continuará Cristina Fernández.

Pero algunas contradicciones surgen cuando se avanza en los capítulos del libro y el economista hace referencia a la inflación, la que considera que debe ser controlada tratando de “evitar excesos de demanda mediante la austeridad fiscal y la prudencia monetaria y limitar los comportamientos monopólicos a través de la apertura comercial y la desregulación”.

Lousteau también cuestionó los acuerdos de precios, dado que dijo que “sirven en el corto plazo, pero no como imposición sino como parte de un esquema más amplio”.

“Si el Gobierno facilitara a ciertos sectores las herramientas necesarias para invertir podría exigir a cambio moderación con los precios a corto plazo”, remarcó.

Al respecto opinó que la prioridad de las inversiones “pasa claramente por el sector energético” y cuestionó que “el congelamiento de las tarifas (...) no acompañó el aumento de demanda”.

Otro de los puntos controversiales del libro es su posición respecto del Mercosur, sobre el que dijo que “significó para la Argentina un salto del mercado potencial al que los empresarios podrían acceder sin pagar aranceles. Pero posteriormente se transformó también en una suerte de estancamiento”.

“El crecimiento del mercado abierto para nuestro país dependió de la evolución de las importaciones brasileñas”, señaló en su libro.

Tras hacer un minucioso recorrido por las distintas instancias por las que pasaron los países miembros del bloque regional, Lousteau criticó que “la constitución de una unión aduanera implica la pérdida de soberanía en cuanto al manejo de aranceles externos”.

Respecto de las inversiones que entraron al país entre 1993 y 1998 remarcó que tenían por objetivo casi primordial el abastecimiento del mercado brasilero, pero luego ese proceso se revirtió y hasta implicó “el traslado de empresas que estaban instaladas en el país y optaron por mudarse a Brasil”.

Además marcó como un “error (...) protestar por el proteccionismo agrícola europeo o estadounidense, planteando su eliminación como condición principal para seguir las negociaciones”.

“De esta manera no hacemos otra cosa que facilitarles el juego a quienes prefieren una Argentina más dependiente del mercado brasileño y menos integrada al mundo”, concluyó.

Cabe remarcar que, esta semana, el canciller Jorge Taiana realizó un fuerte llamado a los países desarrollados, reunidos en el G-20 en Suiza, para que eliminen los subsidios agrícolas y permitan de esa manera alcanzar un consenso en las negociaciones de la Ronda de Doha.

Para arribar a ese acuerdo, los países emergentes reclaman a los desarrollados que eliminen fundamentalmente los subsidios a la agricultura y amplíen las cuotas de mercado.

 

 

 

Armonía

 

1ª parte

Por Luis Tarullo-DyN

 

Los dirigentes sindicales tienen estos días motivos para sentir algo de alivio, más allá de sus diferencias, que siguen en carne viva.

Sucede que en el gabinete de la futura presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, continuarán el actual ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y uno de los hombres fuertes de la administración, el titular de Planificación Federal, Julio De Vido.

El titular de la cartera de Trabajo es en realidad un “hombre de la casa”, amigo de los gremialistas por su condición de abogado laboralista.

Un funcionario que, más allá de demostrar su fidelidad a tiempo completo para con el Gobierno —por ejemplo, obedeció sin chistar que lo pusieran como cabeza de la lista de candidatos a diputados en una nómina que en la Capital perdió en las recientes elecciones— a diferencia de varios de sus antecesores salidos del riñón sindical mantuvo intactas sus buenas relaciones con sus antiguos compañeros de ruta.

Aunque algunos no apostaban demasiado por su permanencia en el gabinete y esperaban la llegada de un “tapado” —pero no desconocido— el ministro fue premiado con la continuidad.

De todas maneras, la cartera, más allá de su actual ocupante o los que se mencionaron en los rumores previos, tenía la posibilidad de estar bien cubierta por una excelente abogada laboralista que, dicho sea de paso, hace largo rato merece subir un peldaño: Noemí Rial, la viceministra de Trabajo.