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Entrevista Exclusiva
Pablo Alarcón: Hacer que la gente se ría es una tarea sanadora
El actor traerá en los próximos días a la Caja de los Trebejos su show El cocinero una historia brutal de la comida, que mezcla recetas, música y humor. En un diálogo distendido con ETC habló de su relación con San Luis, el ajedrez y su rol de productor. También se refirió a la televisión actual y a su ausencia de la pantalla chica y grande.
¿Cuál es la receta para una noche perfecta? Seguramente una buena comida, buena música, algo interesante para ver y buena compañía. Todo eso es lo que podrán disfrutar en los próximos días los puntanos, cuando Pablo Alarcón presente en la Caja de los Trebejos su show El Cocinero una historia brutal de la comida, premiado con el ACE como mejor espectáculo de café concert.
Se trata de una propuesta escrita por el mismo Alarcón junto a Carlos Nine y en la que la comida es la protagonista. Pero no llega sola, sino acompañada de un menú que incluye Standard de jazz de todos los tiempos, algunos tangos, graciosas recetas y la historia de la comida que va de la manzana de Adán, pasando por el huevo de Luis XV, las torta fritas de Mariquita Sánchez de Thomson y el pastel de papa del General Perón, hasta la pizza con champagne.
En principio queremos contar un poco la importancia que tiene la comida para el ser humano desde el lado gracioso y hasta atrevido, dice Alarcón, quien ideó la puesta como una forma de combinar tres de sus más grandes pasiones: la cocina, la música y el teatro.
De hecho, Pablo se define a sí mismo como un actor de profesión y un cocinero de vocación. La idea se me ocurrió porque realmente amo a la cocina. Me gusta la idea de poner un restaurante o de cocinarle a mis amigos y charlar hasta largas horas, dice retratando su afecto por las cacerolas, los ingredientes y las recetas.
Pero mientras la cocina es uno de los intereses más queridos de Alarcón, también lo es la música. Toqué la armónica desde chico de una forma muy libre, porque no tenía realmente interés en tocar mejor o peor. Ahora dije voy a estudiar, estudié música y perfeccioné un poquito mi técnica, afirma.
En El cocinero, su armónica está acompañada de un cuarteto musical que alterna el jazz con algunos tangos, milongas, zambas, recetas irrealizables y hasta ciertos consejos infalibles sobre la mejor manera de asesinar a alguno de nuestros invitados a cenar.
El show que subió a escena por primera vez hace 4 años y que continúa representándose, es para su creador e interprete una charla sobre la historia de la cocina, un diálogo desprolijo y nada serio. No es un espectáculo erudito. Es gracioso y habla con mucho humor sobre recetas que nunca se hicieron y nunca se harán, comenta entusiasmado.
Pero además de ser un menú más que atractivo, El Cocinero es una apuesta de Pablo no sólo como actor y guionista, sino también como productor, como el hombre que puso el dinero y eligió como plato principal al teatro.
¿Cómo se lleva con esta función de productor?
Bueno, a veces me va bien y a veces me va mal. Sufro mucho porque no tengo dinero, pero me gusta producir y además, lo digo sin jactancia, lo hago bien. Soy un buen administrador y sé donde poner el acento. Ser productor es saber gastar bien el dinero y yo creo que pongo el acento donde se debe, aunque es la gente la que tendrá que decirlo. Este es un espectáculo muy austero, pero está lindo, es estéticamente bonito. Me gusta producir y me gustaría tener más dinero para hacerlo.
¿Qué sabe de San Luis y de la Caja de los Trebejos, la sala donde se hará el show?
A la sala la conozco a través de fotografías porque como me gusta mucho el ajedrez, cuando se armó el auditorio para el Campeonato Mundial yo dije: ¡Que bárbaro!, que lindo, que haya voluntad de hacer una sala exclusivamente para el ajedrez.
En cuanto a San Luis, lo conozco porque mi hermana prácticamente vive en Merlo, ya que va y viene desde hace muchísimos años. Así que yo he ido muchas veces y es un lugar que me gusta mucho. A decir verdad, amo a este país, me parece maravilloso y realmente ir a San Luis es un placer.
Desde hace un tiempo está alejado de la televisión ¿A qué se debe?
A que me convocan para cosas que no me gustan y para las cosas que me gustan no me convocan. Igual que en el cine. Me han convocado para algunas películas que no me gustan y digo que no.
¿Y qué le gustaría hacer en televisión o en cine?
En el cine me gustaría hacer alguna película que esté bien pensada. Que me presenten un proyecto con un buen guión, que me entretenga. No puedo decir que no he tenido suerte, sería tonto decirlo cuando soy un privilegiado que puede vivir de su profesión, pero bueno, son épocas.
- ¿Qué mira Pablo Alarcón en la televisión?
- Miro algunos noticieros, películas, documentales y por supuesto, pispeo y ojeo todo lo que tenga que ver con los actores y con la ficción.
Sobredosis de TV
Alejado de la televisión, Pablo volcó su experiencia de años frente al público, al teatro, donde además de continuar con El Cocinero una historia brutal de la comida, ya prepara otro show.
Estoy trabajando en un proyecto para armar un espectáculo sobre un encuentro entre dos seres y estoy leyendo mucho sobre la libertad, dijo a ETC.
Para Alarcón, el teatro se ha transformado en una trinchera, desde donde se apunta a la realidad para acusarla, atacarla o mostrarla.
Este es un país donde gracias a Dios y al esfuerzo de mucha gente, el teatro ocupa un lugar importante. Además hay buenos actores, buenos directoresÉ Es decir buen teatro. Hay muchos espectáculos que veo y me conforman, expresa.
¿Por qué entonces esta movida cultural y teatral no se refleja hoy en la televisión?
Porque la televisión está ocupada en Bailando por un sueño. La televisión está monopolizada por la estupidez. A mi no me disgusta BailandoÉ, lo que me disgusta es que todo el resto de la televisión sea un riñón de eso que destila, purifica, trata, recrea y comenta ShowMatch. Y la gente por supuesto se idiotiza. No somos tan estúpidos los argentinos, pero bueno, el Gobierno no tiene una política para ocuparse de la televisión. Por ejemplo, tenemos una ley de radiodifusión escrita por los militares, que se tiene que reformular. Además, los productores de televisión, los grandes, los idealistas, no están más. Los Romay, tanto que los criticábamos, no existen más.
¿Y qué salida hay para este momento de la televisión?
El tiempo y el hartazgo del público. Yo creo que la gente se va a hartar un poco de esto, que vendrá un público que no querrá ver más Bailando por un sueño y aparecerán espectáculos mejor hechos, con una línea argumental más aguda y más entretenida, que llamará la atención del público.
¿Cómo se lleva usted con el periodismo y su intromisión en la vida privada de las figuras?
Mirá, a mí me han tratado siempre muy bien. Nunca he sido el centro de escándalos y cuando lo he sido lo he sido de forma inocente porque ha pasado a mi lado. Yo no he generado ningún escándalo. Con el periodismo siempre tuve una relación amigable y una distancia óptima. Hay algunas cosas que han trascendido, como mi relación actual con la Pimpinela, Lucía Galán. Pero bueno, es inevitable.
¿Se siente más cómodo haciendo drama o comedia?
A mí me gusta mucho el humor. Falta humor. Hace falta que la gente se divierta. Hacer que la gente se ría es una tarea sanadora. |