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A UN AÑO DEL CRIMEN DE LA OFICIAL LIDIA MOLINA
El acusado de matar a su cuñada dirá que no cometió el crimen, pero lo vio
Lo hará en la declaración indagatoria que se realizará, posiblemente, en quince días. Luego de esa prueba, la causa podría pasar a la acusación.
De no ser por la inminente indagatoria que en breve brindará el único acusado del asesinato de la oficial de Policía Lidia Yamile Molina, la causa judicial seguiría, a un año del homicidio, su rumbo inexorable hacia el juicio oral en los mismos términos que se conocieron a poco del hecho. O sea, con el cuñado de la víctima Rubén Lucero como exclusivo responsable de un crimen con ribetes pasionales.
Cuando por fin Lucero se decida a contar su versión, la causa que ya acumula seis cuerpos y hace poco recibió las últimas actuaciones realizadas por la división Delitos experimentará un relieve en el liso camino que tomó desde que el cuerpo de Molina fue encontrado quemado en el interior de su Renault 12, cerca de la Ciudad de La Punta.
Desde entonces, el único elemento nuevo de la causa se reveló en enero pasado cuando un examen de ADN determinó que un pelo encontrado en el auto de la oficial no pertenecía ni a ella ni a Lucero. Además, en la tapa del tanque de nafta se encontraron huellas de un tercero y alrededor del rodado se levantaron pisadas que no eran del calzado de la víctima ni del victimario.
Esos tres elementos despertaron en la jueza Carina Gregoraschuk la sospecha de que además de Lucero otras personas participaron en el homicidio. Y no tardó en correrse el rumor de que esos fantasmagóricos asesinos sean camaradas de la víctima.
La opinión de la fiscal Elizabeth Giménez no se permite la presencia de otro homicida que no sea el cuñado de Molina. La funcionaria dice que está lista para deducir acusación contra Lucero, pero rechaza cualquier resquicio que mencione a más participantes en el homicidio. El cabello encontrado pudo ser de cualquier persona que subió antes al auto de la oficial, las huellas del tanque pueden ser del empleado que cargó nafta por última vez y las pisadas al lado del auto pertenecen, seguramente, a alguno de los policías que fueron al lugar cuando se encontró el cadáver, dijo la funcionaria.
Más aferrado a la idea de la jueza que a la de la fiscal, el defensor de Lucero, Eduardo Agúndez, anunció hace ya varios meses la indagatoria del presunto asesino. La primera fecha concreta se estableció para el viernes que pasó, pero el abogado pidió la suspensión porque no tenía conocimiento del contenido de las postrimeras actuaciones de Delitos.
En acuerdo con la jueza, la indagatoria pasó para la semana del 10 al 14 de setiembre. Lucero está de buen ánimo, con muchas de ganar de contar lo que realmente sucedió con su cuñada, dijo Agúndez la semana pasada. En la cárcel, el hombre recibe las visitas de sus dos pequeños hijos y todavía, pese a lo que se había anunciado, no se divorció de la hermana de Lidia.
Si bien tiene algunos elementos inverosímiles, la declaración de Lucero será la oportunidad para despojarse de las acusaciones y firmar en el expediente la versión nunca confirmada (tampoco nunca investigada a fondo) sobre la participación de policías en el deceso de la joven.
Según lo que contó el propio Agúndez, Lucero le dirá a la jueza que el día del homicidio salió con su cuñada para visitar a una persona en la Ciudad de La Punta. En el camino, un auto sin identificación les impidió el paso y momentos después, dos hombres de gran porte, armados y con capuchas en la cara se bajaron y raptaron a la oficial.
Con vos no es la cosa, le habrían aclarado en tono prepotente los desconocidos a Lucero.
En su versión, el imputado dará a entender que los asaltantes eran policías que conocían los procedimientos para reducir a una persona, tanto como la zona boscosa donde llevaron a Molina para deshacerse de ella. Lucero dirá que los fortachones asesinaron a la mujer y quemaron el auto en su presencia. Luego le dieron un rosario de instrucciones que iban desde callar para siempre lo que había visto hasta tirar el celular y las llaves de Molina en la letrina de su trabajo.
El hallazgo de las pertenencias de la mujer policía en el trabajo de Lucero es la prueba más firme contra el detenido. También lo son los rasguños que exhibió el cuñado de la víctima días después del crimen. Y los llamados telefónicos previos al crimen. Y la presencia en uno de sus pantalones de sangre de Molina.
La declaración del acusado contendrá además la descripción de las noches posteriores al homicidio, veladas por el insomnio y por la sospecha de que sería acusado de un hecho del que fue solo un mero espectador.
Una testimonial
Consciente de que la sola declaración de Lucero es insuficiente para sostener la teoría, Agúndez buscó alguna prueba que apuntale los dichos del procesado. Una tarde estaba en su estudio y recibió la visita de un ex cliente que facilitaría su trabajo.
El hombre le dijo a su abogado que su hija había encontrado pocos días después del hallazgo de Molina, en el mismo sitio, algunas cosas que podrían servir para la causa.
La mujer que será llamada a testimoniar es empleada del Plan de Inclusión Social, encargada de la limpieza de los campos cercanos adonde encontraron el cuerpo. Pocos días después del crimen se sentó junto a unas compañeras en un tronco tirado a unos 150 metros del auto y sintió que algo la empezó a molestar.
Cuando observó con detenimiento descubrió según lo que le contaron a Agúndez escondidos en el interior hueco del árbol una bombacha, un corpiño y una pistola 9 milímetros.
Si alguna vez esa testigo declara en la causa y lo hace en los mismos términos en los que el defensor de Lucero pretende, dirá que apenas encontraron las cosas avisaron al coordinador de la parcela y luego a la Policía. Dice la chica que los oficiales de la Comisaría de La Punta fueron al lugar y secuestraron las cosas, pero después nunca la llamaron y tampoco hay en el expediente nada asentado, aseguró el letrado.
A UN AÑO DE UN CRIMEN ATROZ
El día a día
Martes 29 de agosto: la oficial Lidia Yamile Molina sale de su casa del barrio San Martín en su Renault 12 verde metalizado. Le dijo a su madre que cargaría gasoil, iría a lo de un amiga y luego regresaría.
Miércoles 30 de agosto: la madre de la desaparecida pone una solicitud de paradero. La Policía empieza a preocuparse por la suerte de su colega.
Jueves 31 de agosto: a las dos de la mañana, el auto de la oficial es encontrado en una picada cercana a la Ciudad de La Punta. Adentro estaba el cuerpo incinerado de la mujer.
Viernes 1º de setiembre: en medio del desconcierto por la falta de hipótesis, se realiza la necropsia que determina que la víctima recibió seis golpes en la cabeza. Y se presume que Molina tenía un embarazo reciente, algo que luego fue desestimado.
Sábado 2: la Justicia empieza a investigar. La jueza Carina Gregoraschuk en el puesto hacía pocos días inspecciona la casa de la policía. El cuerpo de la víctima es enterrado en un cementerio privado.
Lunes 4 de setiembre: el hermano de la oficial, el subcomisario Esteban Molina rompe el silencio en El Diario de la República. Queremos que se sepa la verdad, aunque duela, dijo. El comisario Jorge Escudero, uno de los investigadores del caso, dijo que cuando se reunieran las pruebas se iba a detener al sospechoso sea quien sea. Por esos días, se mencionaba a un oficial de Policía como el presunto asesino.
Martes 5 de setiembre: al día siguiente de esas declaraciones, Rubén Lucero, cuñado de Lidia, es detenido como autor del crimen, luego que la Policía encontrara en una letrina de su lugar de trabajo el celular y las llaves del auto de la oficial.
Miércoles 6 de setiembre: detenido en la división Delitos, Lucero confiesa el crimen y da algunos detalles, que no pudieron ser corroborados en la investigación posterior.
Jueves 7 de setiembre: ante la jueza Gregoraschuk, el acusado no presta declaración indagatoria y señaló que fue apremiado por la Policía para que se adjudicara el crimen.
Sábado 9 de setiembre: Lucero es enviado a la Penitenciaría, con prisión preventiva. Desde entonces, no se ha movido de la cárcel.
Mediados de octubre: junto a una danza de abogados, los rumores indican que más personas participaron del crimen de la oficial. Ese punto no fue profundizado.
Miércoles 6 de diciembre: la Cámara del Crimen Nº 2 rechaza la excarcelación presentada por la defensa de Lucero.
1º de febrero de 2007: las pericias químicas le dan a entender a la jueza Gregoraschuk que en el homicidio hubo más personas implicadas. En el lugar del hecho se encontraron pelos que no eran de Lucero ni de Molina.
18 de junio de 2007: el defensor de Lucero, Eduardo Agundez, anuncia ante los medios de prensa que el imputado declarará en la causa. Desde entonces, esa presentación se viene dilatando.
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