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La ley sólo cuando conviene
Por Adrián Garraza
La instauración de la ley nos hace hombres. Para la psicología, si el individuo no incorpora en su psiquis la prohibición de la ley, no habrá sujeto en sano juicio. Es más, no hay sujeto, no hay individuo, no hay hombre.
Desde lo social, la ley organiza la vida en comunidad. Más aún, la posibilita. Sin la existencia de reglas, como por ejemplo las que limitan el uso de la violencia, no sería factible una comunidad organizada. En definitiva, la ley nos hace individuos y sujetos sociales. La ley nos hace hombres.
Lo que sigue son crónicas o relatos sobre dos hechos unidos por un denominador común. A la ley la aplico sólo cuando me conviene.
Mocoso malcriado
Mocoso malcriado, fue la descripción que el gobernador, Alberto Rodríguez Saá, realizó de la conducta de Alfonso Vergés. Quien como responsable del Ejecutivo Municipal, fijó la fecha de las elecciones y luego la cambió.
Quien se opuso a la designación de un miembro del Superior Tribunal de Justicia, Omar Uría, en el órgano encargado de dirigir el proceso electoral municipal. Quien aceptó de buen agrado la conformación del Tribunal Electoral: con una concejala, Rosa González, que lo había votado para ser intendente; con el juez de Faltas municipal, Ferrari, que reemplazó al anterior, Arrieta, que fue echado por haber hecho caso a las sentencias provinciales y haber estado al lado de María Angélica Torrontegui; y por el representante del Colegio de Abogados, Campos, a quien varios colegas le atribuyen la suerte de haber sido seleccionado en un sorteo secreto, a la suerte de la asesora legal del Municipio, Estela Aragón.
Quien logró que la ciudadanía no se manifestara, a través de una consulta popular, sobre la Ley de Cine.
Quien invitó como veedor electoral a un funcionario del Poder Ejecutivo Nacional, que manifestó públicamente la corrección, normalidad y tranquilidad, con que se desarrolló el acto electoral.
Quien, además de poner un fiscal en cada mesa donde se votó, vio con agrado la existencia de un coordinador o representante del Tribunal Electoral Municipal en cada escuela donde se emitió el sufragio.
Quien luego de aceptar públicamente su derrota, el domingo 5 de agosto a última hora, hoy dice dos palabras terribles. Voces con capacidad de generar violencia. Declaraciones a las que el ministro de Seguridad, Angel Rafael Ruiz, calificó de golpistas. Dos palabras dijo Vergés a quien quisiera oír. No asumirá. Se refería a la intendenta electa con más del cincuenta por ciento de los votos, la arquitecta, Alicia Lemme.
La máxima regla de cualquier democracia, la de la soberanía popular, vuelve a ser atacada.
Sebastián Ponce en el Concejo
La sesión de este jueves en el Concejo Deliberante capitalino fue asombrosa. Las cámaras de televisión presente, pudieron captar el preciso momento en que Sebastián Ponce ofuscado y Daniel Sosa, termo y mate en mano, imposibilitaban seguir con el debate. El problema, la discusión y el enojo, se produjo por que el presidente del Concejo, Jorge Jofré, se disponía a votar como en numerosas ocasiones lo hizo el anterior presidente, Reyes Rosales.
El año pasado, cada vez que los votos no le alcanzaban a los seguidores de Vergés, se pedía la votación nominal para sumar el voto del presidente. Sebastián Ponce lo hizo en varias ocasiones. Permitían que el presidente votara. De esta manera se contradecía directamente lo dispuesto por el Reglamento Interno, que sólo permite votar al presidente, en caso de empate y en una segunda oportunidad. En este matutino esas conductas irregulares e ilegítimas se denunciaron. Sebastián Ponce era un defensor del voto del presidente, cuando el que presidía era Rosales.
Antes que el enfado le nublara toda posibilidad de argumentación, Sebastián Ponce, hijo del ex intendente Carlos Ponce, que llegara al Concejo luego del fallecimiento de su padre reemplazándolo, sostuvo que era una violación de las reglas. Que lo hecho iba a ser nulo por ilegal. ¿Qué pensará de las votaciones en las que Reyes Rosales, desde el atril que preside las reuniones, acompañaba sus mociones? ¿Para él también serán nulas por ilegales, por violar la ley?
Minutos antes, en la misma sesión, este joven edil había sostenido que debían que ser serios. ¿Cuánta seriedad, cuánta coherencia, puede mostrar quien cuando la violación de la ley lo favorece nada dice y cuando le es adversa, enrojece involuntariamente su rostro, eleva la voz hasta el grito y gesticulando con sus manos, señalando con su índice, se levanta e impide que los concejales puedan seguir ejerciendo su labor? |