• Domingo 2 de setiembre de 2007 | San Luis, República Argentina

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Editorial

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Tiempos electorales

 

Dentro de ocho semanas habrá elecciones presidenciales en la Argentina. Una nueva forma de interpretar las campañas electorales hace que el ambiente no esté totalmente impregnado de la ansiedad y la incógnita que suele acompañarlo faltando tan poco tiempo para la contienda.

En este sentido mucho tendrán que ver la dispersión de elecciones provinciales que plantean fuertes dilemas propios de cada región. Además, bajo la presión de la entrega de fondos aparecen adherentes al partido del Presidente de la Nación desde cualquier espacio de pensamiento político. No parece haber grandes coincidencias de programa, ni siquiera acuerdos con el accionar mostrado. En muchas provincias hay más de un candidato kirchnerista. Por ahora la derrota ha sido el signo común. Este domingo estarán en juego dos gobernaciones importantes por la cantidad de habitantes, y estratégicas a la hora de tomar decisiones.

Por otro lado el cúmulo de escándalos que se van conociendo, coloca lo electoral en un plano secundario. Caracteriza la despedida del actual primer mandatario una sucesión llamativa de desaciertos y hechos de corrupción que la Justicia deberá esclarecer. Ya son varios los funcionarios renunciantes. Con alguna ligereza muchos juicios se restringen al hecho menor que tiene que ver con el escaso aprovechamiento en votos que la oposición realiza de tantos deslices y desventuras. Con un autismo absoluto el matrimonio gobernante ignora a la prensa, no escucha preguntas y sólo emite las respuestas que considera convenientes. Hasta aquí han sido pocos los actos y mucha la soberbia con la que se pretende atropellar en la campaña.

Es cierto que la oposición no logra aún canalizar en un rostro tanto descontento. Si no fuera porque se les conoce la trayectoria y no se puede celebrar demasiada coherencia, se entendería como lógica cierta imposibilidad de coincidencia. La misma, en muchos casos, no existe ni en el origen ni en las ideas. Muchos sectores que soportaron el atropello gobernante tampoco encuentran refugio electoral. La Iglesia, el campo, muchos grupos de trabajadores.

Todas estas razones colocan, más allá de los encuestadores, alta expectativa en lo que falta para el 28 de octubre. Las clases cargadas de soberbia de la candidata cónyuge del primer mandatario siguen mellando su número de votantes. Es difícil ante la volatilidad de quienes encuestan saber cuánto. Lo que es más fácil de predecir son las serias dificultades a la hora de gobernar con las que inexorablemente tropezará el próximo ocupante de Balcarce 50. Semejante derroche de demagogia y tantas medidas sólo aptas para la coyuntura pronostican tiempos difíciles. La carencia de plan y la ausencia de gestión padecidas se van a hacer sentir el año próximo en el panorama económico y social generando una situación difícil.

Está claro que el atropello deberá desaparecer y será el momento del diálogo franco y de la reconciliación profunda. Muchos millones de excluidos necesitan que así sea. La disminución de la brecha entre ricos y pobres debería ser prioridad de todos los candidatos y una condición básica de gobernabilidad. Otra cosa, será mucho más de lo mismo.