• Viernes 22 de junio de 2007 | San Luis, República Argentina

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el ex jugador del Xeneize vivio la libertadores como un hincha mas

Ariel Knuttsen: “A Boca no se le gana con cantitos”

 

Nació en Río Cuarto pero desde hace años adoptó a San Luis como su lugar en el mundo. Con palabras firmes analizó el nuevo título de Boca.

 

Pocos futbolistas tienen la suerte de vestir la camiseta de Boca Juniors. Ariel Knuttsen fue uno de ellos. En 1996, primero de la mano de Bilardo y luego de Veira, formó parte del plantel profesional “Xeneize”.

Nació en Río Cuarto pero desde hace años adoptó a San Luis como su lugar en el mundo, con palabras firmes analizó el nuevo título de Boca.

“Vi el partido en mi casa con mi señora, por supuesto con los nervios propios de cualquier partido, pero tranquilo porque para Boca no era novedad ganar en Brasil. Difícil era en la primera época de Carlos Bianchi, ganar en el país carioca era una hazaña, pero en los últimos 10 años Boca ganó en todos lo lugares que necesitó ganar”.

Cuando sintió el pitazo final se le encontraron varios sentimientos y gratos recuerdos volaron por su cabeza, “me puse muy contento, lo viví como cualquier hincha, es una satisfacción muy grande. Lo que me pone alegre es la institución, porque esto es un proceso en donde los dirigentes desde hace mucho tiempo demuestran que saben hacer su trabajo, desde lo edilicio, institucional, hasta en la contratación y venta de jugadores. Esto llevó a Boca a ser uno de los mejores equipos del mundo”, matizó.

Convencido de que la diferencia que Boca sacó de local era definitiva, Ariel tenía mucha seguridad en el equipo, “me transmitía solidez, en ninguna de las otras Libertadores, y eso que siempre tuvo grandes jugadores, vi tanta solidez. Sumado a la experiencia de este plantel yo sabía que a Gremio le iba a resultar difícil dar vuelta un 3 a 0. Le querían ganar con la torcida —hinchada— pero a Boca no se le gana con cantitos”.

También analizó al elenco brasileño, “al Gremio lo vi muy tibio, nada que ver con lo que demostró hace una semana en la Bombonera, me parece que el resultado adverso le jugó en contra, estaban muy nerviosos y dubitativos”.

Sin dudarlo un segundo, concluyó que el jugador decisivo de toda la copa fue el 10 Xeneize: “Riquelme una monstruosidad, demostró por lejos que es el mejor de la Argentina, ojalá podamos verlo en la Selección. Me acuerdo cuando yo jugaba en Boca lo hacia de 8, el técnico era Bilardo y nos ponía horas a patear centros. Román lo hacía de la derecha y de la izquierda con tal calidad que era un deleite verlo, el chanfle que le daba a la pelota era único, fuerza, precisión y dirección”.

Otra pieza clave en este triunfo fue su técnico Miguel Russo, para Ariel se merece todo lo que le pasó, “le tomó el tiempo muy rápido a este equipo. Además mostró un perfil bajo, con mucho trabajo y humildad, se nota una persona sencilla y sincera. Por propia experiencia sé que a los hombres humildes Dios los hace grandes y les da su premio”, finalizó.

Ariel o el “Colorado” Knuttsen —como lo conocen sus amigos—, decidió dejar el fútbol cuando estaba en lo mejor de su carrera, nunca renegó de eso y ahora junto a su esposa vive feliz, alejado de las canchas, festejando desde San Luis los títulos conseguidos por su querido Boca.

 

La historia del armado del campeón

 

La desvinculación del técnico Miguel Angel Russo de Vélez Sarsfield fue el comienzo de una historia con final feliz para Boca, en tanto el club de Liniers heredó los males que por entonces padecía de la mano del entrenador Ricardo La Volpe.

Russo había finalizado su diálogo con el dirigente “Velezano”, Raúl Gámez y de inmediato tomó su celular. Marcó un número clave y dijo: “Ya podemos hablar”. Del otro lado de la línea, el presidente Mauricio Macri sonrió satisfecho.

Es que el titular “Xeneize” había logrado el objetivo que tanto buscaba en los tormentosos días de diciembre, luego de la salida de La Volpe en la tarde que Estudiantes de La Plata le ganó a Boca 2 a 1 y se consagró campeón.

De rápidos reflejos, Macri pensó en Russo, al igual que Diego Maradona, que ya lo había tentado oportunamente pero el técnico, fiel a su estilo y respetuoso de lo que firma, primero pidió desvincularse de Vélez para recién hablar con Boca.

El 15 de diciembre del año pasado acordó su vínculo contractual con Boca ante un exultante Macri, que comenzaba a despedirse del club para intensificar su carrera política.

Russo viajó a Punta del Este, donde veraneaba su amigo Alfi

Basile, y habló con él. Quería conocer a fondo la intimidad de un plantel que, lleno de figuras, había perdido -de la mano de La Volpe-, en forma inexplicable un campeonato cuando llevaba cuatro puntos de ventaja y restaban dos fechas para finalizar.

Horas de café y cenas le sirvieron a Russo para ir palpando “el estilo Boca” y trajo en sus maletas, desde Uruguay, un consejo de Basile: “No hables mucho con la prensa, sólo lo necesario”.

Otra ronda de cafés, pero en un bar de Lomas de Zamora, cercano a su domicilio, le sirvieron a Russo para conocer, de boca del propio La Volpe, las virtudes y defectos del equipo que debía conducir.

En enero inició la pretemporada en “Casa Amarilla”, ya con el refuerzo de Clemente Rodríguez, Bruno Marioni, al que él convenció para que llegara al conjunto “Auriazul”, y se dirigió a Tandil con una premisa: “armar el Boca campeón”.

Cuentan quienes conocen la intimidad del ex jugador de Estudiantes de La Plata, que es meticuloso, que suele entregar videos de los partidos de los rivales a sus jugadores para que ellos mismos vayan viendo la forma de encarar a sus adversarios.

Por supuesto, sobre táctica y estrategia tiene la última palabra, pero siempre escucha “y banca” al jugador.

En la apacible Posada de los Pájaros tandilense fue madurando la idea del equipo, y con la llegada de Mauricio Caranta ya supo que el arco debía ser para el cordobés.

Mientras transcurría el torneo de verano y se aprestaba a iniciar el Clausura, Russo tenía una obsesión: Leandro Gracián, el mediocampista que de Vélez se había ido para recalar en el Monterrey.

Pero el que sí se daría un gusto enorme sería Mauricio Macri, que rompió “el chanchito” y sacó dos millones de dólares para abonar el préstamo de Juan Román Riquelme, que no tenía cabida en el Villarreal.

El efecto de “marketing” se había logrado. En las manos del excelso jugador y del técnico quedaba ahora corroborar en los hechos el fenómeno futbolístico.

Aunque un problema se le avecinaba al técnico. Qué hacer con el máximo ídolo “Xeneize”, Guillermo Barros Schelotto.

Finalmente, viendo que su destino en Boca estaba “marcado”, Guillermo decidió aceptar la oferta del Columbus estadounidense y Russo respiró aliviado.

Ahora sólo tenía que formar un equipo con aspiraciones. Y lo logró, pese a las vaivenes futbolísticos y los errores estratégicos que tuvo. Pero Russo exhibió una virtud: la paciencia.

Así consiguió el éxito más resonante de su trayectoria, coronarse campeón de la Copa que todos quieren pero sólo los elegidos consiguen. “Miguelito” ya integra el podio de los ganadores junto a Juan Carlos Lorenzo y Carlos Bianchi, las otras glorias “Xeneizes”.

El “Colorado” jugó en el “Xeneize” de Bilardo y del “Bambino” Veira.