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Se insinúan fisuras a la homogeneidad
Ultima parte
Por Carmen Coiro, DyN
Es cierto en cambio que la eventual victoria del líder del PRO dará señales del humor de los ciudadanos porteños, muchos de los cuales optarán por votarlo como oposición al propio kirchnerismo, en este caso representado por el ministro de Educación, Daniel Filmus.
Si hubiera un respaldo fuerte en ese distrito a la política nacional, Macri no hubiera tenido ninguna chance. Es todo un signo que el Gobierno debe estar leyendo con atención.
La figura de Macri encarna precisamente al no político, su perfil de ejecutivo parece ser lo que más atrajo al electorado en la primera vuelta. Como si la gente estuviera ya demostrando abiertamente su rechazo a los políticos tradicionales que muestran más fervor por acumular poder que por dar a la gente las respuestas que reclama.
Allí se centrará el desafío del líder del PRO. Tendrá la oportunidad más importante desde que debutó en el mundo político para demostrar si realmente será fiel a sus promesas de hacer más que de decir, y hacerlo rápido. Macri se jugará en esta gestión su futuro en la gran liga nacional. Es dable esperar que hará buena letra para seguir haciendo equilibrio en la difícil carrera que eligió.
No parece que a Kirchner lo preocupe demasiado el triunfo del opositor, más allá de la pirotecnia verbal que utilizó para respaldar a Filmus. Macri no es un hombre que prometa una oposición despiadada: es, esencialmente, un hombre de negocios, y en eso parece identificarse bastante con el presidente de la Nación.
Por más que busque identificarse con la imagen del dirigente de los años 70, aquel que basaba su lucha en la oposición al imperio, Kirchner demuestra que sabe más de lo que dice de negocios, de administración de la cosa pública. Nadie pone en duda sus cualidades de buen administrador.
Por lo tanto es fácil imaginar que a poco de andar, el futuro jefe del gobierno porteño podría convertirse más en aliado que en enemigo acérrimo del kirchnerismo. Por eso en la intimidad de la Casa Rosada no creen que la derrota de Filmus tenga que pagar un precio político demasiado alto.
Más caro será el precio que el gobierno nacional tendrá que pagar por la creciente crisis energética, de una magnitud mucho peor de la que reflejan los diarios.
Ni bien se instaló el frío colapsó nuevamente el sistema: falta gas, falta energía eléctrica, y los cortes en las grandes empresas se han hecho indispensables para que los males de los usuarios particulares no sean mayores, pero no los eximieron de la escasez.
Cuando hizo mucho calor en el verano pasó lo mismo. Ahora se viene un invierno crudo y Kirchner, con su polémico ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, no aciertan a dar respuesta a la crisis.
Se anunciaron obras e inversiones que por ahora no son más que una quimera. Por más que se la pregone, no hay una verdadera política para el sector energético que vaya a dar esperanzas de una superación rápida de la emergencia.
En años anteriores, Kirchner gustaba en aprovechar los titulares de los diarios que advertían sobre el grave problema para pegarles duro y decir que todo eso no eran más que fantasmas que agitaba la oposición.
Ahora, las fábricas a oscuras o obligadas a comprar grupos electrógenos las casas con falta de gas y de electricidad, el campo con problemas para conseguir todo el gasoil que necesitan, los países vecinos habitualmente provistos de fluidos argentinos con cortes en los compromisos, los taxistas y remiseros que protestan por la forma en que se limita su capacidad laboral, son todos hechos reales que muestran a una Argentina no tan moderna ni tan superada económicamente como el Gobierno quiere hacer aparecer.
Crisis energética: ¿teoría del mal menor o la menor de las teorías?
1ª parte
Por José Calero, NA
La crisis energética que atraviesa la Argentina, y que el Gobierno se niega a reconocer, pone en jaque al punto más fuerte de la administración Kirchner, el crecimiento económico.
Los sucesivos cortes que vienen sufriendo las fábricas y el corte en el suministro del GNC, responden a una estudiada estrategia del mal menor, piedra fundamental del plan de contingencia ideado hace tiempo, cuando se imaginaron escenarios complicados en materia energética.
Esta teoría del mal menor sostiene que la última línea de defensa del sistema energético debe evitar el corte de la electricidad y el gas en lo hogares, en especial los de zonas urbanas.
Eso explica las órdenes que a diario se envían desde la Secretaría de Energía a las distribuidoras, que en este momento están totalmente intervenidas por el Gobierno, que digita dónde y a quién hay que cortarle el gas.
El problema es que esa estrategia comenzó a impacientar a un aparato fabril que tenía la expectativa de que este año iba a ser el de la consolidación del desarrollo productivo, para lo cual reclamaba financiamiento de largo plazo.
Más impaciencia provocó el dato de que, en medio de la ola de frío, los hogares aumentaron un 22% el consumo respecto del otoño del año pasado, y obligaron a cortar por más tiempo el servicio de las industrias.
Por eso, los empresarios empezaron a cargar las tintas sobre el Gobierno, cuyo plan destinado a desalentar el consumo con premios y castigos, fracasó. |