• Martes 19 de junio de 2007 | San Luis, República Argentina

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Editorial

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Los funcionarios y la crisis

 

A esta altura de los aconteci-mientos cabe realizar algunos cuestionamientos. Cuando los funcionarios ingresan a áreas estructurales y estratégicas del país. ¿A qué se dedican?

Si no formulan diagnósticos sinceros, si no arman escenarios serios y posibles, si no generan proyectos de solución, no se comprende a qué aspectos del problema energético enfocan su labor.

Todas las informaciones aseguran que en julio habrá temperaturas polares. Algunas indican que se repetirán en agosto. Todas vuelven a coincidir en que esto desatará una notable crisis por escasez. Con complicaciones y con derivaciones no deseadas.

Cuando las mismas informaciones pretenden entrar en algún análisis señalan que hará mucho frío. Que si es en fin de semana no será tan grave. Que lo más científico, ilustrado y profesional que se piensa hacer, es rezar.

Hay algunas cosas un poco más imaginativas, más eficaces, más serias y más mensurables. La eficacia de los rezos pasa por espacios del ser humano en los que no cabe indagar, por lo menos en lo que hace a su obligación respecto de la función pública.

Está claro que van a presentarse dificultades de muy diverso tenor. Incluso es muy probable que la Argentina no pueda cumplir sus compromisos con Chile. Algo ya se le ha anticipado al gobierno trasandino. Conviene ser serios, evitar ocultamientos y asumir este proceso en toda su magnitud. Son muchos años de confiar en la providencia, de postergar las decisiones a mediano y largo plazo para ocuparse de lo urgente. Es mucho tiempo de demagogia y de ahuyentar por todos los medios posibles a quienes podrían realizar inversiones en este sector. Las condiciones naturales con influencia sobre las centrales hidroeléctricas tampoco acercan señales de demasiado aliento. Hay mucho por trabajar y por construir. El primer paso es saber exactamente cuál es la realidad. Asumirla, reconocerla y comunicarla sin sesgos y sin pretensiones de desligar responsabilidades propias. No intentar aminorar efectos, ni buscar ventajas coyunturales.

Es sabido que los sectores más vulnerables serán una vez más los de menores recursos. El criterio de tarifas bajas que los favorezcan suena discutible. El gas envasado sigue siendo muy caro. Una de las razones del alto consumo surge a raíz del valor de las tarifas. Tampoco parece razonable a salir con desesperación a penar picos de consumo. Si se piensa tomar este tipo de medidas, es muy importante la sinceridad y la correcta explicación de las mismas. Si se habla de una medida temporal, no se puede luego perpetuarla. Muchas de estas formas de proceder alentarán la colaboración y el apoyo para salir de la crisis. La mentira, las cortinas de humo y las operaciones de prensa producen exactamente el efecto contrario.

Sin más postergaciones habría que comenzar a reunir a entendidos en el tema. A científicos, a investigadores, a técnicos, a empresarios, a expertos en estas cuestiones que armen un plan a cinco, a diez, a veinte, a cincuenta años para evitar estos desajustes. Una programación avalada por todos que trascienda el mandato de cualquier gobierno.