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Mínimas condiciones de higiene
Mantener la ciudad limpia es obligación de las autoridades de cualquier municipio. Mantener limpia la ciudad de San Luis es obligación de quienes, mandato de la Corte Suprema de Justicia mediante, conducen la comuna capitalina.
El concepto de aseo y de limpieza es bien abarcativo. El interés en cuidar la estética de la ciudad es sólo una visión parcial. Los principios sanitarios que rigen la vida urbana en la actualidad exigen otros criterios.
Ya sometidos al atraso que presuponen las calles de tierra los vecinos deben soportar además basurales y matorrales que demuestran desorden y dejadez. Pero lo más grave es que éstos permiten la proliferación de especies peligrosas que ponen en riesgo la salud de la población.
Estos contribuyentes seriamente perjudicados cumplen con sus obligaciones. Tiene derecho a habitar calles que no resulten mugrientas y, mucho menos, peligrosas. Es necesario que se presenten situaciones de extrema gravedad para despertar la atención de quienes debieran ocuparse del problema sin necesidad de estas advertencias. Muchos funcionarios desprevenidos requieren de estas alertas, necesitan ver la inminencia de la posibilidad de ocurrencia de verdaderos dramas como para ejercer alguna acción.
No alcanzan ya los parches y las soluciones parciales. Ya es tiempo de un plan estratégico que contemple todas las carencias y permita comenzar a subsanarlas. No hay margen para perder el tiempo en pobres acciones de baja política.
Hay que caminar la ciudad, observar los problemas y subsanarlos. No se requieren estudios demasiado concienzudos, ni notables razonamientos. Si el pasto está alto, hay que cortarlo. Si hay malezas, hay que erradicarlas. Donde hay mugre, hay que limpiar.
Cierto es que muchos de estos males no son patrimonio exclusivo de la ciudad capital de la provincia.
Los vecinos hacen oír su voz una y otra vez, desde todos los rincones aparecen los reclamos sobre estos problemas.
La terminal de ómnibus es un espacio que concentra muchos de los males que aparecen dispersos por toda la ciudad. El despegue del turismo encuentra en ella un obstáculo importante. La primera visión de los viajeros es muy pobre. Los baños no se encuentran en el estado adecuado, la estructura general ha sido absolutamente superada por el movimiento de los vehículos, abundan los perros vagabundos, son muchos los individuos que pernoctan día y noche en espacios que deberían quedar reservados para los pasajeros, hay una notable carencia de señalización y otros servicios imprescindibles.
Son muchas las carencias que se acumulan y desmejoran la calidad de vida de la población. No hay razones que justifiquen semejante atraso.
Lo menos que pueden pretender los habitantes de una importante ciudad, capital de provincia, es encontrar las mínimas condiciones de higiene que permitan vivir en salud. Se deben tomar elementales medidas de sanidad al efecto y no esperar un nuevo episodio desgraciado para lamentarse y justificarse.
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