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HABLA SUSANA, LA HERMANA DE DANTE BODO
Mi hermano sabía que estaba en una lista de personas que iban a matar
Dice que a pesar del peligro en que estaba, el abogado no quiso salir de Villa Mercedes. El testimonio de un pintor agrega más misterio al crimen.
¿En dónde voy a estar más seguro que en mi provincia, en mi ciudad? Además, acá mucha gente me debe varios favores. Con esa reflexión el abogado villamercedino Dante Bodo desestimó la amenaza que pendía sobre su cabeza. Amenaza que se consumó el 10 de abril de 1976, a las 2:15 de la madrugada, cuando un grupo comando lo acribilló a balazos en la puerta de su casa.
Treinta años después, María Susana Bodo, hermana de Dante, recuerda el crimen mientras estruja nerviosamente un llavero entre sus manos. Tiene 81 años, es docente jubilada y posee una memoria que esgrime contra el olvido. Habla de manera pausada, con precisión, como midiendo el efecto de cada palabra que articula. Los años de docencia dejaron su impronta.
Unos días antes de que lo maten estuvo en San Luis, recuerda Susana. Yo le pedí que se quedara, se corría el rumor de que las rutas estaban tomadas por el Ejército. Me contestó que no tenía ropa, le presta algunas prendas de mi marido y al día siguiente se fue.
Y se estremece al recordar: Unos amigos le habían dicho que estaba en una lista de personas a las que iban a matar. Y el repetía que el golpe de Estado no sería como los anteriores, me decía que iban a matar a mucha gente. Un presagio que se cumplió.
Susana dice que antes del asesinato su hermano llevó a la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) unos expedientes. Además era docente en la Escuela Normal Mixta y secretario del Colegio de Abogados. Nosotros escuchamos muchos rumores. Uno de ésos decía que lo habían hecho ir a la comisaría para reconocerlo antes de ejecutarlo. Fue un manyamiento como se dice, cuenta Susana. Aunque rumores, la hermana viajó a Villa Mercedes.
En ese viaje conoció el verdadero rostro de la represión. En Villa Mercedes las cosas eran muy distintas a las de acá. Viajé en colectivo. Cuando llegué a la terminal, nos hicieron bajar con la carteras abiertas y a los hombres los palpaban de armas contra el colectivo. En las cuatro esquinas había francotiradores, cuerpo a tierra con ametralladoras montadas en un trípode, cuenta.
Confiado en el destino, el abogado le pidió a su hermana que volviera a San Luis.
El recuerdo del crimen
Después de que un grupo de tareas supuestamente de la Fuerza Aérea, asesinó a balazos al abogado, la esposa de Bodo, Luisa Fauri hizo un llamado a San Luis. A tu hermano lo acribillaron, dijo. Y colgó. Del otro lado del teléfono, Susana se estremeció. Pero el impacto de la noticia le permitió una reflexión: En ese momento me pregunté a qué hermano habían asesinado, éramos tres: Rodolfo, Dante y yo. La llamé a Luisa y me confirmó que el que estaba muerto era Chiche, como le decíamos a Dante.
Inmediatamente partió hacia Villa Mercedes. Como ni ella ni su marido podían manejar por el impacto de la noticia, el joven abogado Omar Uría actualmente miembro del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia, condujo al matrimonio hacia el lugar en que su hijo había muerto.
Cuando llegamos pensé encontrar la calle cortada, recuerda Susana. Pero no fue así, la casa estaba abierta, no había control policial y el cuerpo de mi hermano ya estaba en la morgue.
Y Susana señala una anormalidad para la época: En otras ocasiones en que viajé a Villa Mercedes, los controles militares empezaban en la ruta. Esa noche le decía a Omar (Uría) que en cualquier momento nos paraban. Pero no, entramos a la ciudad sin ningún control, era una ciudad liberada.
Rodolfo Bodo y Omar Uría se encargaron de retirar el cuerpo de la morgue. Estaba cubierto con una sábana, rojo de sangre. Lo bañaron y lo velaron en la casa de su esposa. Según Susana, las dos veredas de la calle San Juan estaban repletas de gente y las coronas florales no entraban en la casa. El crimen conmocionó a Villa Mercedes. La gente se encerró en sus casas y muchos profesionales empezaron a circular con custodia, precisó Susana.
La bala perdida y el capitán Otero
Las características del asesinato de Bodo acercan al hecho al género del policial negro. Según los pocos testigos, un timbrazo despertó al abogado, que salió a atender en calzoncillos. Cuando vio a sus verdugos, empezó a correr hasta que una bala de FAL le perforó la espalda.
Pero Susana añade un misterio: Yo no entré a la casa hasta después del sepelio y estaba todo en orden. La única habitación que permanecía con llave era el escritorio. Pero mi hermano Rodolfo que sí entró en la casa después del crimen encontró los anteojos de Dante detrás de una radio, como quien se desprende de ellos para ir a dormir. Mi hermano era miope y veía muy poco. ¿Por qué iba a atender la puerta a esa hora, en ropa interior y sin los anteojos?.
Según el testimonio de un pintor que por esos días trabajaba en la casa del abogado, ningún movimiento extraño se vio en los momentos previos al crimen. Pero me dijo que en el altillo de la casa había una silla tirada y un cable (no precisó si lo utilizaron para atarlo o torturarlo). Evidentemente, un grupo estaba adentro de la casa esperando que se durmiera y el timbrazo fue la señal de que el operativo externo estaba montado.
Después de que Bodo es herido de muerte, el vecino Rómulo Sosa salió de su casa. Bodo agonizaba y el capitán Otero, jefe de policía, se le acercó, pistola en mano y le advirtió: Váyase a su casa y no vio nada. Es decir, Otero estaba presente mientras Bodo se desplomaba.
Según Rodolfo, los militares juntaron las cápsulas servidas de FAL. Pero una quedó oculta debajo de su pie. Dijo que la guardaría para mirarla todas las mañanas. El lugar elegido fue el estuche de una afeitadora, que el tiempo se encargó de extraviar. Rodolfo dice que la guardó en el estuche y que nunca nadie la tocó. Pero la bala desapareció, dice Susana.
Y un misterio más: cuando Bodo corrió hacia la esquina de Pedernera y San Juan, los vecinos miraban por la ventana (incluso su esposa y su hija, que vivían en una casa lindante a la del abogado, lo vieron correr despavorido). Eran cerca de las dos de la mañana. ¿Por qué tantos vecinos estaban despiertos?, se interroga Susana. |