• Domingo 7 de enero de 2007 | San Luis, República Argentina

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La columna de Iris

La traición del pelado

 

Ay, qué calor en Año Nuevo. Por favor. Creí que me convertía en una pasa de uva. Nosotros lo pasamos todos en la pieza de Don Cosme que es el único en el barrio que tiene aire acondicionado. Ibas a buscar una sidra al fuentón y cuando llegabas estaba caliente. Nos pusimos todos, 38, alrededor de la cama. Algunos chicos en el placard. Y la comida entre la cómoda y la mesita de luz. Todos apretados, pero frescos. Igual sabés que estuve en todos lados. Nena, cómo toma la gente. Las fiestas son lindas pero cuánto borrachín desubicado. Se ponen a bailar y se agarran toda la pista. Incomodan a las damas presentes. Un papelón. Algunos cantan, por favor. Tocan el timbre y desafinan. Otro papelón. Pero te voy a decir la verdad los que más me incomodan son los chusmas. Te voy a explicar el accionar de estos grupos comando. Se sirven bastantito y se ubican en un lugar estratégico, puede ser la barra o alguna baranda. Algo que en caso de emergencia los mantenga en pie. Chusmean todo con ojo perverso. Si pueden esa misma noche o al otro día empiezan a llamar y a mandar mensajitos. Fulano se mamó, fulana se fue con sultano o con sultana. Tal se peleó con cual. Tercer y más grave papelón.

Hablando del tema. Eso de los mensajitos por los celulares es para adolescentes. Parece mentira, gente grande, profesionales. Después están en un bar, miran el teléfono y se ríen solos. Intelectuales, estudiosos, grandes lectores, escribiendo gansaditas en un teléfono.

Hablando de papelones, en una de las últimas fiestas de egresados, colegio privado con nombre de santa en tradicional hotel de la ciudad. Casi trescientas personas. Presente el ocupante de Belgrano y San Martín. Mucho anuncio, mucho glamour. De golpe invitado toma micrófono y denuncia que hace rato en su barrio no tienen agua. Empezó el baile.

Estoy indignada. Toda la vida quise hacer una revista en San Luis. Me traicionó el calvo del cine. Todo el año insistiendo que el boom era una revista. No importa, desde acá lanzo el desafío. Y tomo los días más difíciles. Lunes, martes y miércoles. Cobro entrada y hago reventar de gente la Caja de los Trebejos. Tengo todo listo. Por supuesto que los libretos los hago yo. El vestuario el mejor costurero, diseñador, vestuarista y productor de arte del mundo, WW. La coreografía se la vamos a pedir a la gremialista docente de danzas folclóricas. La iluminación es toda de un ingeniero que trabajó en SESLEP. Un nivel. Tenemos armado un cuadro de ilusionismo. De golpe sobre el lago hacemos aparecer dos cuádrigas ­te me vas al diccionario-. En un golpe de luces ingresan en la sala. Una la dirigiría la Gladys y la otra en cada función un reconocido vecino de la ciudad disfrazado de emperador romano. Te digo que la Gladys ya pagó el anticipo de la obra social. La agarraba un cirujano buenísimo y la daba vuelta como una media. Quedaba como de veinte. Es una opción triple. Podés quedar de 12, de 18 o de 20 años. Todo con garantía. Si te falla te regalan un electrodoméstico y tres números para el sorteo de un viaje todo pago al Valle de Calamuchita. Sigo con lo de las cuádrigas. Del otro lado del escenario entra el Falcon rojo del sobrino de la Rosa con dos amigas mías de la noche de la avenida Lafinur totalmente desnudas. Un contraste perfecto de épocas y de estilos. Una genialidad.

Por supuesto que el espectáculo empieza y termina con el chiste del pavo contado en exclusiva por el señor de los derechos humanos. En el medio un monólogo mío espectacular. Durante toda la función tres mozos con un moñito y una zunga, nada más, le sirven anís con tortitas a todo el público. Impactante. No nos fijamos en gastos.

Yo cobro porque este espectáculo vale. Pongo chicos en todos los peajes y traigo toneladas de gente. Si sos socio de la Asociación Amigos de la Ensalada Rusa, o de la Asociación esfuerzo por el crecimiento del Bonsai, o de la Fundación Ikebana Libre, tenés un descuentito.

Sabés que el 13 de enero ­justo el 13- arranca “La Revista de San Luis” con Gino Renni, el Tano, y la Marixa Balli. No esperes una crítica mía de esta gente hasta la cuarta función. Les tengo que dar las licencias del debut y esas cosas. Yo soy una seria analista de teatro. Yo vi a Miriam de Urquijo, a Eva Franco, a Milagros de la Vega, a Alfredo Alcón, a Thelma Biral, a Ernesto Bianco. Vi Chejov, Miller y Shakespeare. Si querés hablar de revista, vi a Dringue Farías, a Adolfo Stray, a Pepe Arias, a Alfredo Barbieri, a Nélida Rocca, a Ethel y a Gogó, a Norma y a Mimí, a Nélida Lobato y a la lechuguita. Lo conocí a Carlos Petit. Los vi a todos. Me iba a la trasnoche y me sentaba lejos de todos los viejos babosos que chorreaban muzzarela de Banchero y de Las Cuartetas y de todas las pizzerías de la calle que nunca duerme. Como no soy rencorosa, nos vemos el 13 en la Caja de los Trebejos. Que sirva, que triunfe, que dure y se reproduzca para bien del turismo de San Luis. Hasta el próximo capítulo.

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