• Lunes 18 de diciembre de 2006 | San Luis, República Argentina

Clasificados | Editorial | Opiniones | Cultura | Villa Mercedes | Interior | Archivo

Imprimir

un mano a mano con Jorge Villegas, el mejor jugador de pelota a paleta del mundo

“La gente no te reconoce porque sos campeón del mundo, sino porque sos buena persona”

 

En exclusiva, este puntano de 27 años que recientemente ganó, junto a su hermano Gabriel en México el torneo más importante de la tierra. Dialogó con este medio de él, de su provincia y de qué lo motiva para seguir ganando.

 

Jorge Villegas tiene 27 años, nació en San Luis un 9 de enero de 1978. Es el mayor de cinco hermanos. Tiene la mirada escurridiza y las palabras tienden a trabársele en la boca cuando explica algo complejo. A veces titubea al hablar. Sabe, está seguro que a la vida se la encara con firmeza.

Dice que tiene que “mirar los problemas de frente”, que se lo aconsejó su padre y sobre todo sabe que los titubeos quedan para la palabras ya que decidió tomar las riendas de su futuro con la misma firmeza que tomó a los 7 años una paleta de madera, de pelota a paleta. Esa nueva amiga lo llevó a transformarse en el mejor jugador del mundo. Ganó todo lo que jugó. Conquistó el mundo.

De chico, y como travesura, quemó una caja de trofeos de su padre, otro pelotari reconocido, Eduardo Villegas. Quizá la culpa lo puso de lleno en la cancha de pelota a paleta, una especie de caja de cemento con un gran paredón al frente. Arrasó con sus oponentes y uno a uno repuso la pérdida, con intereses, con creces.

Le pega con firmeza a una pelotita de unos 10 centímetros de diámetro, de caucho duro. Toda la circunferencia vuelve, y le pega con más fuerza. Esto lo copió para la vida, tenía que pararse “de frente”, es un mandato paterno.

Recuerda y agradece. Su abuelo encabeza la nómina. Dice que es “extraordinario, excepcional”. Debería decir “fue”, porque en el 2002 este pelotari pionero empacó las paletas y se fue lejos a jugar a un cielo tan blanco como su pelo. Pero, para Jorge, “Don Villegas”, siempre estará presente, siempre “es”.

También le recuerdan que nació con seis meses de gestación, que estuvo en una incubadora y que su cuerpo “hizo dos paros”. Agradece a la persona que puso en la manos de su padre un cheque en blanco (literalmente y sin metáforas) para costear los gastos del tratamiento. Le agradece a “Pedrín” y dice que lo considera un segundo padre.

Asegura que en el deporte se piensa un guerrero, pero ante la charla dejó los parapetos de lado y a piel viva, Jorge Villegas campeón del mundo de pelota a paleta habló “de todo” con El Diario de la República, pero sobre todo habló de Jorge Villegas.

 

¿De dónde viene Jorge Villegas?

Nací en el sanatorio Rivadavia un 9 de enero de 1979. Tengo 27 años. Mi primera casa fue en el barrio Yapeyú a una cuadra del Hogar del Niño, poco tiempo después con mi familia nos fuimos a vivir a la casa de mi abuelo porque mi papá no estaba bien económicamente.

Soy el más grande de mis hermanos, pero me llevo 10 meses de diferencia con Gabriel, mi compañero de paleta.

Viví allí hasta los siete años.

¿Cómo fue tu encuentro con la paleta?

Cuando era muy chico me gustaba jugar con mi hermano Gabriel pero los juegos no pasaban por la paleta. Sí veíamos fotos y los trofeos que traía mi papá y mi abuelo.

Justamente viví hasta los 6 años en la casa de mi abuelo. Un día mi papá salió a jugar un campeonato provincial muy importante y se olvidó las paletas. Ahí yo agarré las paletas y con mi hermano salimos corriendo, las paletas eran más grandes que nosotros. Cuando salimos mi papá ya se había ido y ahí como sin querer con Gabriel nos pusimos a paletear y como si nada fuera, empezamos a jugar.

Nos divertimos, esa fue la primera experiencia, jugar en el patio.

Cuando mi viejo vio esto se emocionó y nos empezó a llevar al club, para que veamos cómo era el juego.

Yo tenía 6 años y en el GEPU (Gimnasia Esgrima Pedernera Unidos) se realizaba un campeonato argentino con jugadores renombrados, yo me acuerdo que en la revista El Gráfico habían salido figuritas que yo coleccionaba, ahí vi a varios jugadores conocidos y estaba fascinado.

 

Lo que nació como un juego: ¿Cuándo pasó a ser algo serio?

Tenía 15 años, en ese momento me llaman a jugar en Córdoba. Yo venía jugando campeonatos profesionales de preinfantiles y menores, pero antes de los 15 años todavía todo era un juego, era una diversión.

También los hacía para demostrarle cosas a mi papá y a mi abuelo y también como una forma de agradecimiento. A los 14 años, el tener que ganarle a mi papá ya se había transformado en una obsesión ya que en esos momentos era uno de los mejores jugadores de San Luis. A esa edad me tomé las cosas más en serio y me dediqué a ir al gimnasio y a entrenar con más fuerza. Yo tenía que superar esa gran muralla que era mi padre como jugador, tenía que competir con él en la cancha.

En un campeonato muy importante comencé a ganar y me transformé en uno de los mejores de San Luis. En todo este camino siempre nos acompañó mi abuelo.

A los 15 años me llaman de Córdoba. Yo era muy exigente conmigo...

 

¿...Era?

La verdad es que soy. Todos tenemos un instinto animal, el mío hace que tenga hambre de ganar. Siempre hay un jugador que es mejor que yo y eso hace que las metas sigan estando, que me siga exigiendo. El mundo es grande, siempre hay rivales más poderosos que uno y por ello quiero competir con el mejor, eso me moviliza, quiero llegar a los extremos, eso me da coraje.

Siempre me digo que puedo. Pero esto se da con mi hermano, somos diferentes pero cuando conectamos ese instinto animal llegamos a realizar grandes cosas.

 

¿Después de los 16 qué pasó, qué te dio y qué te quitó la paleta?

Dejamos muchas cosas de lado: la familia, las amistades de la infancia, la salida a disfrutar a tomar algo, estar de novio con las chicas que te gustan. Uno quema cuatro etapas para ser profesional en esto y ahora de grande, cuando hago un “parate” y veo cómo se divierten los chicos digo: mirá lo que me perdí. Pero vayamos al lado bueno, sin este deporte San Luis no tendría los jugadores que tiene.

Siempre digo, me pregunto cuando estoy solo en los momentos de reflexión, qué cosas dejé de lado. Por ahí dicen Jorge Villegas y lo asocian con la Pelota a Paleta, pero no dicen si es una buena persona pocos conocen el lado interno.

 

¿Pensaste qué hubieras sido sino hubieses jugado a la paleta?

Conociéndome, estoy seguro que a los 18 años hubiera terminado el colegio y me hubiese dedicado a estudiar, no se qué carrera, pero una que te puedo nombrar es la que estoy estudiando ahora, el profesorado de Educación Física. Me cuesta mucho estudiar, pero siempre estuve conectado con el deporte, hay algo que me encanta y que está referido a la preparación física.

Además me gusta trabajar con gente con chicos y creo que en cinco más voy a estar en San Luis trabajando con los pibes, esta provincia es donde me gustaría radicarme. Acá tengo mis amigos y conocidos.

En lo que se refiere al lugar en el que me gustaría desarrollar mi actividad como profesor de Educación Física sin dudas es el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD).

 

¿Vos fuiste al CeNARD y cómo fue esa experiencia?

Llegué a los 17 años. Allí llegan los fuera de serie y no estás conociendo a un jugador, son más de 300 y son los mejores. Yo estuve con (Guillermo) Coria y David (Nalbandian) y muchas veces nos consultábamos en qué ranking nos veíamos dentro de cada una de las especialidades.

Ellos me dijeron que yo podía estar en un buen nivel de tenis y yo les decía que ellos podían ocupar un buen lugar en la paleta. Todos en todo momento están compitiendo, pero también se comparten los conocimientos la preparación física.

Trabajar allá es una meta muy alta, es que se va a ser profesor de los jugadores más destacados y a los que hay que brindarles lo mejor.

Volviendo a tu familia. ¿Cómo es la relación con los tuyos?

Creo que muchas veces la familia no te ve como querés. En muchas ocasiones dejás de lado cosas de los más cercanos, de los familiares. Creo a veces que no tuve ese cariño de padre y madre, porque estaba armando mi futuro. Esto como padre, te deja cosas muy particulares, aprendés para ser padre.

Yo tengo un varón de 6 años, Andrés Emanuel con mi actual mujer y una nena que tiene 9 años y se llama Karen Ana Paula, de una relación anterior. Tengo dos hijos. La verdad es que me pasaron muchas cosas y con todo lo que pasó tengo algunas enseñanzas para dejar a los más chicos.

A mí me pasa que siempre disfruto estar con los hijos. Muchas veces uno está lejos y dice “cómo me gustaría que mi hijo esté acá” y en otros momentos digo: “¿Qué hago acá jugando?”.

Esto me pasa cuando estoy muy lejos, en otros países. Luego de tener que pasar por el avión (a lo que realmente le teme). Pero si vos hacés este sacrificio tus hijos te entienden, a lo largo comprenden.

Hay cosas que gratifican. Luego del primer mundial, vi que la nena, mi hija, estaba jugando a la paleta. Esto me sorprendió yo creí que se iba a dedicar al patín, al vóley. Ella está contenta con todo lo que hago.

El nene... ni te cuento.

 

Se ve que sos un padre cariñoso, pero hay una figura que mencionás constantemente... la de tu abuelo. ¿Qué significó?

Mi abuelo hizo que llegara a esta circunstancia, que hiciera que yo me esforzará. Yo salí campeón del mundo, gané circuitos internacionales y fui múltiple campeón argentino y le he dado a San Luis todo por mi abuelo.

Este es el gran secreto, es la persona que me da fuerza aunque no lo tenga. Este es el secreto para ganar.

Mi abuelo siempre me daba consejos en contra de lo que decían los demás y me dijo que era importante tener un buen nivel, pero también ser un ganador. Siempre me acompañó, tenía 84 años e iba conmigo a todos los campeonatos.

En momentos muy duros siempre me abrió la puerta. Mi abuelo es lo máximo.

 

¿Con las victorias estás devolviendo un poco a todos los que te ayudaron?

En San Luis hubo mucha gente que hizo cosas por mí y justamente lo que hago y sigo haciendo es para devolver. Siempre recuerdo las cosas que me enseñaron, sobre todo mi abuelo y mi papá que decían: “Siempre humilde, con la frente en alto y encarando los problemas de frente. Nunca pelearse y ser un ganador en la vida”. La gente no te reconoce porque sos campeón del mundo, sino porque sos buena persona, teniendo muchos amigos.

Con los campeonatos que voy ganando hago feliz a muchas personas y de esta forma devuelvo un poco lo que hicieron por mí.

Pero la paleta me dio mucho, pude conocer toda la Argentina. A nivel internacional estuve en Brasil, Chile, España, Madagascar; una Isla del Pacífico oculta, cerca al fin del mundo a la que tuve que ir luego de tres días en avión; las Islas Canarias y Estados Unidos.