• Miércoles 22 de noviembre de 2006 | San Luis, República Argentina

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EDITORIAL

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Es una enfermedad

 

Hay un cambio concreto en los temas que interesan a la población. Las cuestiones no pasan ni por las relaciones internacionales, ni por conflictos internos, ni por diferencias gremiales, ni por internas partidarias. La sociedad argentina en general, la porteña muy en particular, tiene en claro que debe ocuparse en forma personal de aquellas cuestiones que le interesan.

Y la obesidad le interesa y le preocupa, y el lunes por la tarde una multitud se congregó en torno del Congreso de la Nación para demostrarlo. La petición es que se apruebe una norma que eleve esa patología al rango de enfermedad para incluirla en el plan médico de obras sociales y prepagas.

Las inquietudes surgen desde los más diversos espacios. Un programa televisivo cuya permanencia en el aire generaba dudas en más de un experto terminó liderando un movimiento que tiene bien claro lo que necesita y que aporta una posibilidad mueva. Es absolutamente reconfortante que en una sociedad hipócrita por naturaleza, un grupo grande de personas reconozca que está enferma. Y que quiera que se la declare enferma.

Obviamente, luego cada uno deberá reconocerse o no como perteneciente a este grupo.

Cierto es que hay un interés económico, pero esta razón para nada desmerece la propuesta. Los ciudadanos han descubierto que la lucha individual frente a escritorios de funcionarios o de prestadores de servicios médicos es absolutamente cruel e infructuosa. Sólo un sistema que abandona a todos los grupos vulnerables permite que los enfermos libren batallas tan descarnadas y tan desiguales. Es inhumano someter a alguien que padece algún mal al traumático proceso de explicarle a un burócrata sano la necesidad de un tratamiento, de una medicación, de una internación. Sólo un estado de tan larga ausencia puede permitirlo.

Es un primer paso fundamental que la ley esté del lado de quién debe estar. Está claro que todo no termina allí. Hay muchas disposiciones legales que son muy difíciles de llevar a la práctica y muchas situaciones conflictivas que no siempre se resuelven como la ley determina. La situación de enfermedad y de necesidad plantea una carencia, una debilidad, una vulnerabilidad que debe ser reconocida y equiparada en todas las circunstancias. Si a empresas privadas no les conviene deberán abandonar el mercado y si se trata de organizaciones públicas deberán contar con herramientas para resolver estas cuestiones. Claro que para que todo esto resulte posible el sistema público de salud deberá mejorar estructuralmente y funcionar de un modo mucho más eficaz y eficiente.

Una consigna escuchada en el acto fue que es más barato tratar la obesidad que las enfermedades posteriores que acarrea. Y es así. La medicina preventiva debería ocupar otro espacio. Y ya contraída una enfermedad como la obesidad, es fundamental aceptarla y combatirla para evitar muchos de los trastornos posteriores.

La sociedad procesa y entiende. No todo es mediocridad y pavadas. Los dirigentes, las organizaciones públicas y privadas, los medios de comunicación, deberán comprender este fenómeno o seguirán a contramano de la historia.