• Sábado 4 de noviembre de 2006 | San Luis, República Argentina

Clasificados | Editorial | Opiniones | Cultura | Villa Mercedes | Interior | Archivo

OPINIONES

Imprimir

Una cumbre, muchas historias

 

Ultima parte

Por Gabriel Profiti-NA

 

La Argentina tiene especial interés en esto; por sus emigrados y porque exhibe con orgullo un flamante programa Patria Grande destinado a regularizar A los extranjeros del Mercosur y sus estados asociados (Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú).

A través de esta iniciativa, definida en el Palacio San Martín como “de vanguardia”, los inmigrantes sudamericanos tienen los mismos beneficios y obligaciones que un argentino.

Pues bien, Argentina buscará que este tipo de iniciativas se ramifiquen en América y Europa.

Muy ligado a esto, México procurará incluir en las conclusiones de la cumbre un repudio a la construcción de un enorme muro metálico en la frontera estadounidense.

Esa consideración posiblemente ingrese en un apartado del documento principal junto con el histórico reclamo argentino sobre las islas Malvinas y otro de buenas intenciones respecto de las negociaciones multilaterales en el proceso conocido como Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En esa ronda radican las trabas a un acuerdo comercial entre el Mercosur y la UE buscado desde 1999 y la cumbre uruguaya terminará horas antes de que se reanuden las negociaciones, el 6 y 7 de noviembre en Río de Janeiro.

Lo cierto es que las posturas se flexibilizaron poco —Europa no quiere abrir lo suficiente su mercado a productos agropecuarios— y hay escasas expectativas de que finalmente se cree la mayor zona de libre comercio interregional del mundo.

En fin, una cumbre, muchas historias.

 

 

 

Presencias y ausencias

 

Ultima parte

Por Marcelo Bátiz, DyN

 

Antes que nada, ponen en evidencia el retroceso del hospital público en la atención de las demandas de la población, en cuyos bolsillos el peso de los gastos en salud se multiplicaron por ocho en medio siglo. Así como el abandono de la educación pública que llevó a los colegios privados a dejar de ser una opción elitista para pasar a formar una parte importante en el presupuesto de muchas familias argentinas.

Eso fue lo que el Estado “permitió” y sigue “permitiendo”. Un permiso que torna estériles los esfuerzos de Miceli y Moreno de no “permitir” los aumentos de servicios privados cuyo crecimiento se basa, precisamente, en haber permitido el permanente deterioro en la prestación de dos deberes primordiales del Estado como la salud y la educación.

Desde esa perspectiva, una supuesta presencia de un Estado controlador no es suficiente para disimular la ausencia de ese mismo Estado en su rol de prestador de servicios sociales básicos. Una ausencia que hay que tener presente a la hora de determinar qué es lo que no se debe permitir.

 

 

 

Frenar el efecto dominó

 

Por Guilermo Villarreal, DyN

 

El Episcopado intentará desactivar la idea que se instaló en la sociedad de que los obispos pueden convertirse en referentes políticos ante la falta de una oposición real, sobre todo cuando peligran las instituciones democráticas.

El caso de Joaquín Piña (Puerto Iguazú), que logró frenar el intento de reelección eterna del gobernador misionero Carlos Rovira, es sólo una excepción para la prédica eclesiástica, cuya regla indica que el quehacer político partidario es tarea excluyente de laicos formados en la doctrina social de la Iglesia.

Los obispos reconocen, sin embargo, que el compromiso de los no religiosos es “un bien escaso” y advierten que, cuando existe, tiene dificultades para insertarse en las estructuras encriptadas de los partidos tradicionales.

No obstante, el objetivo eclesiástico ahora es evitar que el efecto Piña se propague en forma exponencial. Es decir, que el ejemplo “exitoso” del prelado misionero derive en una masiva incursión política de sacerdotes u obispos, tarea que hasta el papa Benedicto XVI recordó que “no les compete”.

Fuentes eclesiásticas anticiparon que en el Episcopado “ya no hay margen” para que se repita la fórmula “obispo candidato” y menos aún que esa participación vuelva a tener cierto aval institucional.

“La Iglesia se involucró en un proceso electoral porque estaba en juego una cuestión institucional, pero no tiene que hacer política partidaria”. Tal fue la sentencia del vocero del Episcopado, presbítero Jorge Oesterheld, al anunciar el temario del plenario de obispos de la próxima semana.

Serán seis días de deliberaciones en Pilar, donde resultará inevitable no evaluar el escenario postelectoral en Misiones y su eventual repercusión a nivel nacional, donde el Gobierno percibe al cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires) como líder de la oposición.

Tampoco se descarta de antemano que, por ser la última reunión plenaria del año, surja algún documento de “carácter pastoral” sobre el papel de la Iglesia en la política.

Un texto que de hacer público tendrá como idea central —adelantaron fuentes religiosas— la necesidad de encarar la “siempre anunciada” reforma política, a fin de poner coto a “estilos agotados”. En particular, hablan de “caudillismos” y “feudos” provinciales que deben revertirse.

“Feudo significa la suma del poder, la aniquilación de la división de poderes. República cero, democracia casi nada y un bolsillo muy grande. Todo se maneja con plata, se trata de cuánto vale esta persona. Así se compran jueces, legisladores y quien sea”, graficó recientemente monseñor Alfonso Delgado (San Juan).

Los hombres de Iglesia cuestionan que, a pesar de los intentos de reforma política, las iniciativas hayan quedado sólo en eso o en meros proyectos para eliminar listas sábanas o revisar el número de bancas del Parlamento.

En cambio, el objetivo eclesiástico es promover una nueva “cultura política”, cuyos líderes no favorezcan la partidocracia sino el bien común y la pluralidad, para poder consolidar así instituciones democráticas genuinas, pluralistas, justas y participativas.