juventud en el argentino A de afa Se le llenó la casa de humo... perdió y se pelearon jugadores e hinchas Luján derrotó al Juve 2-0 en San Luis. Al final del partido algunos jugadores no se bancaron los insultos de la gente y se pelearon con los plateístas. Las sierras ardían fervorosas y desde el arco que da a ruta nacional Nº 7, que en el segundo tiempo custodió Leo Corti de Luján, el humo avanzaba implacable. Cuando el árbitro pergaminense Garau marcó el centro de la cancha pitando el final del partido, al filo de las 18, la naturaleza pintó la realidad: a Juventud se le llenó la casa de humo. Perdió 2-0 con el Violeta mendocino, que llegó a San Luis sin puntos y se fue con tres en el bolsillo. Sumó el quinto partido sin éxitos en iguales presentaciones del Apertura, que agregados al pasado Clausura suman ocho juegos sin victoria. Los detalles no pasarían de lo estadístico, si no fuese porque ayer el Juve jugó el peor partido en la era Gerardo Quiroga y los jugadores terminaron peleándose con un grupo de plateístas, en plena zona de tribunas, mientras la popular bancó al plantel y la policía aplacó un cruce de hinchas locales y visitantes. Todo lo hizo el Juve Ayer en el Bajo Juventud hizo todo. Lo bueno, que futbolísticamente fue poco, y lo malo, que desde lo extra deportivo abundó. A la hora de jugar empezó con buenas intenciones. Tres defensores (Barbero-Ordóñez-Collado), liberando a Gómez en la izquierda. Desde la zona media, pese a que Pérez y Quiroga no pudieron dar pie con bola, creció por derecha con Morán. Luján se agigantó por el trabajo de Favre y la movilidad de Pedernera: los volantes centrales mendocinos coparon la parada y ganaron territorialmente el juego. En los arcos pasaba poco y nada. Hasta que a los 14' Salvalaggio exigió a Lazarte, y el arquero puntano respondió con acierto. Del tiro de esquina Capparuccia ganó en lo alto, el arquero y el travesaño salvaron el gol, pero acto seguido, en el rebote, Echeverría puso--- la cabeza y la pelota cruzó la raya de sentencia pese al esfuerzo del 1. Otra vez el Juve arrancando en desventaja, como en todo el Apertura. Un tiro libre de Collado, que a los 33' hizo exigir a Corti, fue la más clara del local, que estuvo partido del medio hacia arriba, mientras Luján, sin luces sobresalientes, ganó espacios con el sencillo atributo de darle la pelota a un jugador que tuviese el mismo color de camiseta. En la última parte Gerardo Quiroga cambió, con los esperados ingresos de Landa Garza y Garraza. Sin embargo, la carta de mayor presencia ofensiva (Morán) fue uno de los sustituidos. Juventud tuvo más gente apostada en ataque, lo que lejos estuvo de significar que haya atacado mejor. Los juntó del medio para arriba, pero Landa-Rodas-Lucero y Godoy nunca lograron juntarse; en parte mérito de Luján que retrocedió con los volantes y ubicó dos líneas de cuatro con grietas que Capparuccia se encargó de tapar. La desesperación se acrecentó cuando de otro tiro de esquina, también desde la derecha, llegó el segundo grito Lujanino: centro pasado que Lazarte calculó mal y Medina mandó a la red, con Ordóñez despejando pero ya adentro del arco. Godoy tuvo el descuento a los 27': el palo se lo negó. El goleador del Juve (Albarracín con dos goles de cuatro que suma el equipo) siguió en el banco, el DT prefirió cambiar volante por volante con Heredia por Pérez, otras tardes imprescindible, ayer intrascendente e impreciso. En ese momento (24' 30") saltó la térmica del estadio: desde la platea insultaron a Pérez, que no se bancó las críticas desairadas de los hinchas. Y Giménez, que lesionado estaba en la platea lateral sur, se acercó para callar al hincha y otro enfervorizado simpatizante lo agredió con una cachetada en el cuello. En la cancha el Juve era el reflejo de lo que pasaba afuera: puro nerviosismo. Luján parecía un equipo consolidado, cuando en realidad ayer se sacó la soga que lo asfixiaba. El partido se fue y la bronca se instaló en los hinchas, la impotencia se incrementó en los futbolistas y la paciencia y el sentido común se mudaron a otra parte: jugadores y simpatizantes terminaron haciendo del pasillo de la platea, un ring. Suerte que para la mayoría de hinchas y para la mayor parte de jugadores, la cabeza pudo más que el corazón y la locura fue más amague que contundencia En el Bajo Juventud tocó fondo, perdió el rumbo y el próximo fin de semana lo espera Racing, en Córdoba, dónde deberá ver la luz. Pedir calma no debería ser necesario... si se pelean los de adentro, como ayer sucedió ante Luján, los de afuera seguirán devorando. La ropa sucia se debe lavar en casa y después... tenderla, ponerla a secar y usarla el próximo fin de semana, perfumada. La intolerancia: común denominador en el Bajo La violencia no viene del fútbol, como las lágrimas no vienen del pañuelo. La intolerancia con la que vivimos a diario suele decantar en una cancha de fútbol. Ayer le pasó a Juventud. El fútbol, un juego sanguíneo y pasional, muestra como ningún otro deporte las miserias del ser humano. ¿Puede siginifcar una derrota en una fase regular no determina descensosuna pelea generalizada entre jugadores e hinchas de un mismo equipo? El sentido común indicaría que no. Ayer, lo observado en el Bajo, demostró lo contrario. Darío Pérez, uno de los mejores refuerzos que vino a Juventud y de lo más regular en cada presentación Auriazul, jugó un partido para olvidar. El técnico decidió, y tarde, reemplazarlo a los 24' 30" del segundo tiempo. Un plateísta lo insultó, de pies a cabeza, pero nada más que insultos: descarga emocional permitida para quién paga una entrada y observa que los actores del espectáculo que fue a ver no son dignos de aplauso. Conclusión: si un jugador no acepta un insulto, no puede jugar al fútbol. Fabio Giménez, compañero de Pérez en la cancha, pero ayer afuera por lesión y cerca del agresor verbal, se acercó a calmar y no consiguió más que recibir un golpe de otro simpatizante, tan enojado como el que insultaba al mediocampista. Volvió la calma. Después terminó el partido. Habían pasado más de 22 minutos, la disconformidad de los hinchas se duplicó y también se entiende: el equipo jugó mal. Algunos jugadores, con sus familiares en la zona de plateas, como los puntanos Ariel Quiroga y Luis Ordóñez, salieron del patio de vestuario y se pusieron cara a cara con los insultadores. También llegó Pérez. Se manosearon, llegaron compañeros a separar y la mayoría de hinchas también separó. Todos los que se pelearon quieren a Juventud. Eso se supone. Tal vez, como decía la abuela, porque se quieren se aporrean. No, se agreden porque son intolerantes: los jugadores deben bancarse las puteadas y hasta pedir disculpas por la entrada que pagaron para verlos y el pobre partido que ofrecieron. Y el hincha debe ser paciente y poner todo en la balanza: este equipo tiene un cuerpo técnico local y seis de once titulares fueron de San Luis, terminando con siete puntanos en cancha. Menos mal que los de la popular llegaron a separar. Después le dedicaron cantitos a los plateístas y hasta terminaron de mediadores. Al menos, en el Bajo que ayer fue el mundo del revés, algo hay para resaltar. |