• Lunes 11 de setiembre de 2006 | San Luis, República Argentina

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UNA SOLICITUD DE LA FISCAL

Piden 12 años de cárcel para el acusado por la muerte de un travesti

 

El procesado es Luis Darwin Rojas Contreras, un travesti conocido en su ambiente por inyectar siliconas a otros.

 

Finalmente, luego de recorrer un sinuoso expediente, la fiscal Nº 3 solicitó 12 años de cárcel para el travesti acusado de inyectar siliconas a otro y causarle la muerte. Si bien la investigación no fue excesivamente larga (un año y medio), la falta de jurisprudencia y lo atípico del hecho complicaron el desarrollo del proceso.

La fiscal Elizabeth Giménez buscó en archivos judiciales de todo el país alguna causa que se asemeje a la que investigó la muerte del travesti Néstor Fabián Alcaraz, alias “Gaby”, pero no encontró. Entonces apeló a abundante jurisprudencia sobre el “Homicidio con dolo eventual”, el delito por el que acusó a quien, presuntamente, colocó la inyección a la víctima.

La carga cayó sobre Luis Darwin Rojas Contreras, alias “Ana”, un travesti chileno conocido en la ciudad por ser uno de los pocos que se animan a colocar inyecciones de siliconas a sus compañeras. Según los testimonios, el acusado se encargaba de conseguir la sustancia en otra provincia y de proveer algunos de los elementos necesarios para la intervención.

En su declaración indagatoria, “Ana” negó que haya inyectado a “Gaby” y acusó de hacerlo a “Gema”, otro travesti amigo de la víctima. Dijo Rojas Contreras que sólo se limitó a asesorar a quién colocó la inyección.

La fiscal entendió que el resto de las declaraciones que se ordenaron en la causa apuntaban hacia la responsabilidad de Rojas. En la pieza donde se hizo la operación sólo estaban “Gaby”, “Ana” y “Gema”. Afuera esperaba el novio de la víctima.

Pese a que conocen los riesgos de colocarse silicona, la práctica es muy usual entre la comunidad travesti. De la investigación se concluyó que Alcaraz sabía que ponía su salud en peligro ante el injerto, pero era su deseo.

Esa circunstancia no alcanzó —de acuerdo a lo que entendió la fiscal— para amortizar la responsabilidad de “Ana” en la muerte de su amiga íntima. “Nos conocíamos desde los 19 años, salíamos siempre juntas, aunque en los últimos años nos habíamos distanciado un poco”, reconoció el acusado en su indagatoria.

Una de las dudas que se despejó durante la instrucción era el material líquido que se introdujo en las piernas de Alcaraz. Las variantes, en un principio, iban desde aceite lubricante usado hasta silicona de baja calidad.

La bioquímica Judith Andrade determinó que “Gaby” recibió una buena cantidad de silicona de uso industrial, capaz de procesarse como aceites por sus propiedades físicas.

Giménez reseñó en su documento de casi cincuenta páginas que en los delitos imprudentes el bien jurídico se ve afectado por la inobservancia por parte del sujeto activo. “El procesado no era médico y no estaba facultado para ejercer las prácticas de injerencia en el cuerpo humano”.

La fiscal sostiene su acusación en que “Ana” aun conociendo sus limitaciones personales y “sabiendo los riesgos que tal conducta conllevaba, los aceptó”. Para la funcionaria, una demostración de lo acotado que estaba en sus prácticas el acusado era que no inyectaba a todos los travestis sino sólo a sus amigas y a quienes más confianza le tenían.

“No lo hacía por buena —agregó la fiscal—. Lo hacía como exteriorización de la conciencia del riego que su persona corría por un acto ilícito”.

No obstante, permanece la duda en la acusadora sobre si no existieron en San Luis otros casos similares que no llegaron a ser mortales. O si hubo fallecimientos de los que la Justicia no se enteró.

 

La inyección mortal

 

Alcaraz falleció a las tres de la mañana del 23 de enero del año pasado, unas cuantas horas después de recibir los pinchazos para una nueva introducción de siliconas.

Según declararon una hermana y la madre de la víctima, días antes de la operación “Gaby” le había dado cien pesos a “Ana” para que comprara la silicona. Una vez que la operación terminara, el travesti debería pagar otros 200 por el trabajo, según dijeron los testimonios.

Pero en la pieza donde Alcaraz recibió las inyecciones no se habló de dinero.

A las 18:30 del sábado 22, el ritual comenzó con la anestesia en la zona a inyectar. Luego vinieron los pinchazos por los que entró la silicona pura. Para evitar que la sustancia saliera del cuerpo, cada pinchazo era tapado con un parche casero, redondito y chiquito. En la necropsia, los forenses encontraron 13 de esos cartoncitos pegados en el cuerpo de “Gaby”.

A las diez de la noche, gran parte de la botella de la sustancia estaba vacía. Una media hora después, Alcaraz empezó a sentirse mal, algo lógico tras una operación como ésa, que por lo general le baja la presión a los travestis.

“Gema” quiso darle un vaso de agua con azúcar, pero el descompuesto no lo tomó. No conciencia ni para rechazarlo. “Gaby” estaba blanca y, con el cuerpo desparramado sobre una cama, había empezado a cerrar los ojos.

Desde el hospital, vía teléfono, le dijeron a “Gema” que la única ambulancia disponible podría tardar hasta cincuenta minutos. Los precios que averiguó en una empresa privada eran demasiado altos. Para cuando decidieron llevarla en un remise, “Ana” ya había guardado las cosas en su bolso y hacía arrancar la moto para retirarse del lugar.

En la sala de internación, el estado de Alcaraz empeoraba con los segundos. Una espuma blanca empezó a salirle por la boca y los médicos comprendieron que el corazón no resistiría.

 

 

POR NEGLIGENCIA

Denuncia contra la médica

 

En el expediente está adosada una denuncia que “Gema” hizo contra los médicos que recibieron a su amiga la noche de la muerte. El travesti hizo la denuncia en la Fiscalía Nº 1 y señaló en ella que observó negligencia por parte de los profesionales.

Ese punto todavía no fue analizado a fondo por los investigadores, aunque la fiscal hizo en su requisitoria algunas menciones al hecho. “Aun cuando se comprobara un desacertado desempeño médico a partir de las 23 del día del hecho, no hay pista mínima de certeza que Alcaraz hubiera podido salvar su vida”.

La acusadora aseguró que la conducta de la profesional cuestionada debería ser materia de investigación administrativa.

La médica acusada por “Gema” también fue mencionada en otras causas penales de relevancia.