Gobierno kirchnerista ha mirado cuestiones a corto plazo y perdió oportunidades de expansión Por Daniel Artana (*)-DyN El Gobierno del presidente Néstor Kirchner ha mirado mucho las cuestiones económicas a corto plazo, que permitieron aumentar su popularidad, y no tanto las consecuencias a largo plazo que, claramente, advierten una pérdida de oportunidades expansivas. Sin embargo, todavía se está a tiempo de seguir avanzando en estos temas porque el 2006 va a ser favorable, no obstante en algún momento el mundo nos va a dar una sorpresa desagradable y aún tenemos debilidades como país. Primero, la tasa de inflación. El Gobierno está recurriendo a situaciones ad-hoc que no funcionan para resolver el problema. De hecho es lo que ha venido haciendo desde marzo del 2005 hasta la actualidad, y la tasa de inflación continúa creciendo, con un número muy alto que dificultará la lucha contra la reducción de la pobreza. La economía presentará en 2006 buenos indicadores de actividad económica, un crecimiento del empleo razonable, y la pobreza no bajará mucho justamente porque la inflación es bastante dañina para la pobreza. De todas maneras, en la medida en que el Gobierno cumpla con sus anuncios de superávit fiscal y mantenga estable el tipo de cambio nominal, la inflación no va a pasar del 15% anual. El segundo tema preocupante, mirando el largo plazo, está centrado en que se ha perdido la oportunidad de ir resolviendo varios problemas en un contexto de crecimiento y ayudado por circunstancias externas excepcionales. Uno no puede suponer que en los próximos cuatro o cinco años el mundo va a ser tan favorable para la Argentina como lo ha sido en estos últimos tres años. Por lo tanto, se ha perdido una oportunidad en una economía, con un crecimiento del 9%, de haber resuelto las dudas sobre la infraestructura, de haber encarado una apertura más agresiva en un contexto de tipo de cambio muy competitivo, ya que lo que se ha hecho, en realidad, es poner más protección a la economía. Además, se ha perdido el encare a una lucha más fuerte para lograr una reducción de la informalidad más importante de la que se ha logrado, seguimos teniendo estándares de trabajo informal enormes, como también de poner más eficacia en la gestión pública en general. Hemos perdido la oportunidad de ser una economía más abierta, y además que tuviera consolidados los números fiscales, que en los grandes números cierran bien, pero existen tres problemas esenciales respecto de este tema. El primero, que la mezcla impositiva no es sostenible hacia el largo plazo, como el derecho de exportación, el impuesto al cheque, uno no puede imaginarse este panorama como un sistema tributario. En segundo lugar, los números fiscales tienen claramente señal de gasto reprimido en jubilaciones y salarios, y por último, están devengando deudas contingentes, caso de los jubilados que son gastos que el gobierno no paga y que va a perder en sede judicial. En realidad, los números fiscales son mucho más frágiles, y la clave para resolver estos temas es controlar la expansión del gasto porque permite bajar los impuestos y hacer frente a algunos gastos contingentes. Tal fragilidad no se ha manifestado todavía porque los juicios no operaron, hay buenos precios para los productos de exportación que permiten sostener las retenciones, pero hay una fragilidad importante. Por último, un problema a destacar son las medidas de controles de precios que si fueran efectivas se usarían en todos los países que tienen inflación y no es así, y además, son una señal negativa para la inversión porque la rentabilidad pasa a depender de la voluntad del gobierno. En ese marco, lo que no haga el gobierno en la primera etapa de 2006, es difícil que realice los cambios necesarios para aprovechar el contexto internacional y regional hasta después de las elecciones presidenciales del 2007. (*) Economista Jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) El acuerdo por los precios: como la rana y el escorpión Por Gabriel Lamanna (*)-DyN Por enésima vez en la historia de nuestro país un gobierno nacional procura detener el lento -pero incesante- avance del proceso inflacionario que impacta, tanto sobre el bolsillo de los gobernados como sobre la imagen de los gobernantes. Y esta urgente negociación en busca de un acuerdo conserva varias coincidencias con la antigua leyenda africana que narra el diálogo entre una rana y un escorpión que para salvar sus vidas debían atravesar un peligroso río. Y luego la traición del escorpión amparado en la frase es mi naturaleza. Y esto se asemeja a las negociaciones mantenidas en los últimos cincuenta años entre los gobernantes argentinos en tiempos democráticos y de facto y los representantes del ámbito privado para detener la inflación. Todavía resuena en los oídos de muchos argentinos la frase del ex ministro de la cartera económica, Alsogaray en los comienzos de la década del 60 al señalar la necesidad de pasar el invierno y la aplicación de su Plan de Estabilidad y Desarrollo, con el consiguiente desabastecimiento de productos. Tampoco han sido olvidadas la devaluación del 40% de la moneda, la desnacionalización de las empresas, la reducción de los aranceles a la importación y el impuesto del 20% a las exportaciones, introducidos a fines de la misma década por el ex ministro Krieger Vasena. Hechos que desembocaron en una profunda reacción social recordada como El Cordobazo, con su sustitución por Dagnino Pastore y con el reemplazo de la moneda nacional por el peso argentino. En 1973, la firma del Acta de Compromiso Nacional conocido como el Pacto Social entre el Estado (representado por el ex ministro Ber Gelbart), la CGE y la CGT resultó una imposición ineficaz de precios máximos para los productos que generó nuevamente un elevado desabastecimiento y un mercado negro paralelo que culminó con la gestión de Ber Gelbart, reemplazado por Gómez Morales, que también fracasó. Su sucesor, Rodrígo, impulsó una devaluación superior al 100%, el aumento de los precios del combustible en un 175%, de las tarifas eléctricas en 75% y de otros servicios públicos (El Rodrigazo). Pero la presión del sindicalismo hizo que fuese reemplazado por Cafiero, que tampoco pudo evitar el deterioro de la economía con su Plan de Indexación General. El caótico panorama económico, social y político nacional desembocó en el nefasto Proceso de Reorganización Nacional, impuesto por la dictadura castrense más sanguinaria de la historia argentina. Cómo no recordar el fracaso de la Tablita y la Ley 1.050 de Martínez de Hoz. O la famosa frase del ex ministro Sigaut: el que apuesta al dólar pierde. Y a la estatización de la deuda del sector privado decidida por Cavallo. Con el regreso de la democracia, la economía prosiguió carcomiendo el poder adquisitivo de los ciudadanos y devorando a los ministros de economía: primero Grinspun, luego Sourruille y su Plan Austral (que incluyó el nuevo reemplazo de nuestra moneda, el peso argentino, por el austral); Machinea y su desastroso Plan Primavera; más tarde los efímeros Pugliese y Rodríguez no pudieron revertir un final previsible: la hiperinflación y el llamado anticipado a elecciones generales. Inmediatamente, otra etapa sin rumbo con nuevos ministros fugaces: Roig y Rappanelli. Y luego González y su prepotente Plan Bonex. Nuevamente Cavallo y el Plan de Reforma del Estado, ahora comandando una salvaje privatización de las empresas públicas que elevó sustancialmente el índice de desocupación. Al final llegó Fernández y el Piloto Automático. Otro cambio de gobierno, pero nuevamente Machinea con el Megacanje y el Blindaje; después el Ajustazo propuesto por el pasajero López Murphy y otra vez Cavallo, ahora con el Corralito. Resultado: los cacerolazos, las asambleas populares, la represión criminal y la huida del gobierno. Los cinco presidentes en menos de una semana y una gestión interina con Remes Lenicov, su Corralón y la enésima devaluación traumática. Así, hasta llegar al actual gobierno que prolongó la gestión anterior del ministro Lavagna hasta su reciente reemplazo por Miceli. Ahora bien, ¿quién será la rana y quién el escorpión, en este nuevo intento? O acaso, las negociaciones siempre han sido y son entre dos escorpiones. (*) Profesor, Investigador y Consultor de la Universidad Nacional de La Plata |