• Viernes 20 de enero de 2006 | San Luis, República Argentina

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MADRE E HIJA ASESINADAS EN SAN LUIS

María Esther Zavala: “A mi hermana y a mi sobrina las mató un conocido”

 

La mujer está convencida que el homicida era alguien que gozaba de la confianza de Ida Zavala y Valeria Díaz. No descarta que las hayan matado por una herencia.

 

A mi hermana y a mi sobrina las mató alguien de confianza, un conocido”, opina María Esther Zavala, convencida de que Ida Zavala y Valeria Díaz, asesinadas dentro de su vivienda, le franquearon la entrada al homicida porque lo conocían y no sospecharon que iba a atacarlas.

“Mi hermana era muy cuidadosa, tenía toda la casa enrejada, tenía puerta de reja con llave en la calle y también en la puerta de la cocina, no le abría a nadie sin saber quién era”, afirma María Esther, hermana mayor de la mujer asesinada en la calle Constitución 1225.

Y abunda en detalles de la actitud que mantenían su hermana y su sobrina cuando alguien llamaba a la puerta. Detalles que confirman que el homicida, por un motivo desconocido dado que se ignora quién fue, merecía la confianza de las mujeres. “Yo la visitaba todas las semanas, a lo mejor la veía dos veces por semana, y le decía ‘cuando sea yo la que venga, te voy a tocar tres veces el timbres’, y así hacía, cuenta María Esther, que vive en otro punto de la ciudad, cerca de los predios del Ejército. No obstante adivinar, por los tres timbrazos, que era ella quien llamaba a la puerta, su hermana Ida o su sobrina Valeria nunca abrían directamente, sin antes cerciorarse. “¿Sos vos, Esther?”, preguntaba su hermana, o “¿sos vos, madrina?” interrogaba Valeria desde adentro. Valeria, de 26 años, que estaba a punto de recibirse de licenciada en bioquímica, es su ahijada de bautismo.

“Mi hermana nunca abría la puerta sin saber quién llamaba, primero miraba por una ventanita”, reitera María Esther Zavala.

Durante la entrevista con El Diario llora varias veces al pensar en el destino de su hermana y su sobrina y asegura que no sabe de quién sospechar. No obstante, no pierde de vista que los crímenes pueden tener que ver con la herencia que les dejó a Ida y Valeria su esposo y padre, Aldo Díaz.

El ex diputado provincial por el justicialismo del Departamento San Martín (ejerció su mandato entre 1973 y 1976), les había dejado un campo y una casa en Villa Praga, de donde era oriundo. Ida también era de allá y trabajó muchos años como enfermera del pueblo.

Cuando Ida quedó embarazada de Valeria, a los 42 ó 43 años según calcula su hermana, Aldo Díaz la trajo a San Luis para que tuviera a la beba, a la que el padre reconoció de inmediato. Sin embargo, Ida y Díaz no se casaron sino hasta hace dos años, poco antes que el ex legislador muriera de un ataque al corazón, en San Luis.

“Puede ser que las hayan matado por la herencia, los familiares de Aldo Díaz no le querían dar el pedazo de campo que le correspondía, querían que no tuviera nada, le ponían peros. Todo era negativo, por eso tenían problemas”, confirma María Esther.

Y por esa situación “mi sobrina se había puesto muy mal, andaba muy enferma ella”.

La hermana de Ida dice que cuando murió Díaz la mujer buscó un abogado para asesorarse y lograr la titularidad de las propiedades que dejó el ex diputado, pero no lo había logrado aún cuando la asesinaron.

 

El comienzo del conflicto

 

Según María Esther, los familiares de Díaz conocían a su hermana dado que era la enfermera de Villa Praga, pero cuando se enteraron que esperaba un hijo de Aldo se molestaron con ella.

“Mi hermana se amanecía cuidando a una hermana de Aldo, que es asmática. Pero cuando supieron que Ida estaba embarazada de Aldo se enojaron mucho, cambiaron las cosas, ahí empezaron los problemas”, recuerda.

Poco antes de morir el padre de Aldo, don Lauro Díaz, viejo caudillo político de San Martín que nunca ocupó un cargo público, repartió la hacienda entre sus tres hijos, pero el campo quedó en posesión de Aldo.

Después “Aldo le dijo a mi hermana que había repartido el campo y le había dado su parte a los cuñados”. “Me quedo solamente con la parte mía’, le dijo, pero después él se enfermó y no hizo ningún papel. El cuando murió don Lauro tendría que haber hecho todos los papeles”, dice María Esther Zavala.

Por la época que le anunció a Ida Zavala que había repartido el campo de su padre como correspondía, Aldo Díaz se casó con ella, y murió al poco tiempo.

“Ellas antes alquilaban, no tenían casa, él les pagaba el alquiler. Y les compró esa casa (donde las mataron) para que no anduvieran andando. Cuando Aldo les dijo a las hermanas que le había comprado una casa a Ida, se enfurecieron, no querían que le diera nada”, cuenta la hermana de la mujer asesinada.

Díaz, al morir, “le dejó a mi hermana y a mi sobrina las vacas, y la parte del campo que le correspondía a él, pero no había dejado testamento y ahí empezaron los problemas con los familiares de él”.

 

 

“Valeria no tenía novio”

 

María Esther dice que su sobrina no tenía novio y no le conocía amigos o compañeros que frecuentaran su casa. Tampoco sabe que otras personas visitaran a su hermana.

“Valeria sí tenía una compañera que era muy amiga, no sé de dónde es, pero viajó cuando terminaron las clases”. La Policía dice que es de Mendoza y trata de ubicarla allá, a ver qué puede aportar.

“Al albañil que trabajaba en lo de Ida, ampliando la cocina, se lo mandé yo. Los vecinos dicen que días atrás lo vieron varias veces sentado frente a lo de mi hermana esperando que le abrieran”, cuenta.

Y dos vecinas hablan de un extraño ciclista vestido de negro. Una lo vio entrar a la casa, otra lo vio salir, poner llave e irse, pero nadie sabe quién es.

“En el lugar que mi hermana Ida escondía dinero, en un ropero, no se encontró nada. No sé cuánta plata tenía, pero guardaba también la jubilación de una hermana discapacitada que está en un geriátrico, no debe haber sido mucho dinero”, dice María Esther Zavala.

“Ella siempre tenía la llave en el bolsillo o colgada al cuello, pero no sé si la tenía cuando la encontraron muerta”, cuenta.

La posibilidad del robo de dinero de la casa donde mataron a las mujeres no está desechada ni confirmada.

De lo único que hay certeza es sobre la desaparición de un teléfono celular. “Era de mi hermana y lo usaba Valeria”, dice Esther.

 

 

“No es verdad que vivieran peleando”

 

María Esther Zavala niega que hubiera constantes y fuertes peleas entre su hermana y su sobrina. “A veces mi sobrina se molestaba porque iba al campo y volvía nerviosa por los problemas que tenía allá, decía que le faltaban cosas de la casa y le reprochaba a Ida por las empleadas domésticas que tenía. Mi hermana le decía “que querés que haga, yo sola no puedo hacer todo en la casa”, pero nada más. Es mentira que se denunciaron una a otra en la Policía, como dice la fiscal, sí hay denuncias de mi hermana contra un vecino con el que tenía problemas”, dice Esther. El subjefe de la Comisaría 1ª, comisario Jorge Calderón, confirmó que en efecto en la seccional no hay registros de denuncias cruzadas entre madre e hija, sino de la mujer mayor con un vecino.

“Valeria estudiaba bioquímica y le faltaban dos materias para recibirse. Decía ‘quiero las vacas para venderlas y poner un estudio’, pero no tuvo tiempo”, dice María Esther y el llanto le aflora otra vez.

La tía y madrina de la joven recuerda que su hermana y Valeria “cada tanto vendían animales”, pero no sabe si poco antes que las mataran habían hecho una venta importante de hacienda, como indica un rumor que la Policía no pudo confirmar aún.

Ella fue la única persona que pasó el fin de año con Ida y Valeria en la casa de calle Constitución 1225. El domingo 1 de enero, cuando se fue para su casa, fue la última vez que las vio.

“Habíamos quedado que el lunes ella me iba a llamar para ver si había conseguido un veterinario que le bañara y le cortara el pelo a la perra, 'Runa', si no, yo le iba a mandar uno, pero no me llamó”, recuerda.

El martes, Ida tampoco la llamó y María Esther pensó que se habían ido a Villa Praga porque su hermana le dijo, cuando se despidieron, que a lo mejor se iban al campo esa semana.

Los días transcurrieron con el consiguiente aumento de inquietud porque llamaba a la casa de Ida y no contestaba nadie, aunque quedaba siempre la posibilidad de que hubieran viajado a Villa Praga.

“Yo por ahí pensaba 'habrán entrado ladrones a la casa y las tendrán encerradas”, cuenta la mujer, recordando que la preocupación la ganaba cada vez más.

Al final, el domingo 15, cuando María Esther ya había llamado a su hija para que la llevara a ver qué le pasaba a Ida, un policía se presentó en su casa. “Me dijo que habían entrado a robar a la casa del lado de mi hermana y querían saber si no habían entrado también a lo de Ida a robar. Yo le dije que mi hermana estaba en el campo. Después la llamaron por teléfono a mi hija, que vive en otro lado, y le dijeron la verdad”.

María Esther: “No le abrían la puerta a cualquiera”.

 

 

“Runa”, la perra de Ida, presente durante los homicidios, ahora está con Esther.