Me llamo Iris, te cuento la novela Superada por la emoción Cómo estoy de reunión en reunión, entre los egresados, los que despiden el año y todo lo demás es cuestión de estar un poco atenta y ligás sandwichitos, empanaditas y gaseosa por todos lados. Lo malo es que la gaseosa te hincha, que te mata. Bueno después del 31 empezás la dieta y chau. Por ahora metele sin culpa. La que está súper picante es la Illía. Hasta altas horas desfila todo el mundo. Y tocan las bandas. De un lado la 4/41, del otro un chico que canta lindo y uno de barbita que lo ayuda. Lo que sí hacen subir gente a cantar al escenario, la otra noche había un ambiente bárbaro, subió la sobrina de la Gladys, no quedó ni el loro en el boliche. Le estoy metiendo al anís como loca, me levanto que ni sé donde estoy. Voy a tener que hacer como la mona de la ropa para chicos que a las diez se va a dormir. El 30 toca el hijo del intendente, el de la novela, en el teatro del casino. Las chiquitas del barrio están enloquecidas y hay dos o tres cuarentonas que se ofrecen para acompañarlas. Con la pilcha ajustada que se ponen y la pinturrajeada que se hacen me parece que la música no les importa ni medio. Sacaron fila uno al centro y son de tirar la bombacha al escenario. Va a estar imperdible. Estuve en el encuentro en la Casa de San Luis en Buenos Aires. Anduvo medio mundo. De los nuestros Palomino -cómo lo extrañan en los bares locales- y el dúo Cárpena-Carreras que se fueron íntimas de una alta funcionaria provincial y están meta mandar saludos. Mañana tenemos la película de la Benedetto, viene ella y la Toscano, la simpatiquita de la escuela de 1/2 falta, como terminaron las clases se viene a ver la película. Por supuesto fui a la reunión de los destacados de El Diario de la República que estuvo bárbara, todos geniales, pero tuvo dos notas que salieron de lo común: una los brochetes de pollo traídos especialmente de la pulpería de la calle 9 de julio y otra espectacular la carta de Don Corcho agradeciendo especialmente mi labor a favor de la novela. Qué momento. La voz del locutor me taladraba el alma. Cómo lloré. Hice 5.000 copias, me subí al Falcon rojo del sobrino de la Rosa y panfletié todo el barrio. Le reventé el hígado de envidia a más de una. Te dejo una primicia súper al estilo Chiquita Alessio, que te da dos números y vos te tenés que arreglar para jugarlos como quieras. Pueden venir a San Luis dos cantantes de lujo. Uno joven, otro madurito. Uno argentino, el otro extranjero. Uno pronto, el otro en febrero. Uno es seguro, el otro es dudoso. Van las iniciales D, S, J, T. Hasta el próximo capítulo. |