• Lunes 29 de agosto de 2005 | San Luis, República Argentina

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Opiniones

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Encuestadores: ¿El Diario de Yrigoyen?

 

Por Carmen Coiro

(DyN)

 

El discurso del presidente Néstor Kirchner se encrespa cada vez más, y sus acciones políticas bambolean y hasta se contradicen a sí mismas con un vértigo difícil de explicar, salvo con una hipótesis: hoy, el primer mandatario estaría dejando que gobiernen los encuestadores, siguiendo al pie de la letra sus consejos, algo así como la mítica imagen del “Diario de Yrigoyen”, aquél que redactaban los allegados al veterano presidente para hacerle creer en una realidad que sólo existía en ese papel inventado.

Si no, cómo explicarse la virulencia de la campaña, en la que Kirchner y su esposa se muestran peligrosamente alterados denunciando fantasmas, o “brujas” que en realidad no existen, pero que alguien los convenció a ellos de que sí, están de verdad merodeando sobre su deseo de seguir escalando en el poder para perpetuarse en un segundo período de gobierno.

Si no, cómo entender que luego de repetidísimas diatribas del Presidente y sus más estrechos colaboradores contra la política “dura” reclamada por el duhaldismo y la oposición para poner coto a las constantes manifestaciones piqueteras, súbitamente se trastocó su estrategia por la más férrea que podía imaginarse.

Si no, cómo analizar la denuncia de un supuesto “pacto de desestabilización” de una presunta asociación duhaldista menemista que el Gobierno presentó como macabra y que en realidad está a años luz de ser una verdad palpable.

Kirchner parece cantar según las notas del pentagrama que le acercan los encuestadores que le trabajan a sueldo y que hoy se estarían convirtiendo en un peligroso elemento para el Gobierno y la opinión pública, en un verdadero poder detrás de las sombras.

El Presidente no se muestra como un observador de la realidad, un analista de las cosas que de verdad ocurren en el país. Su discurso unívoco lo exhibe alteradísimo, desencajado, casi desesperado por la paranoica idea de ser acechado por fuerzas que antes no nombraba, y que ahora bautizó con nombres que no parecen coincidir con esa probabilidad.

Los enemigos del kirchnerismo, en definitiva, son “todos”, menos la abstracta idea de su “pueblo” : Duhalde y su esposa, Menem, Patti, López Murphy, Elisa Carrió, los piqueteros, Eduardo Camaño y los diputados duhaldistas, empresarios que a veces son adversarios pero que de repente se convierten en aliados, un Fondo Monetario al que ya dejó de criticar hace tiempo, pues ya lo complació pagándole puntualmente todo lo que debe, y así se podría mencionar una interminable lista de “brujas” que estarían elaborando venenosas pociones incansablemente.

El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, rechazó de plano una propuesta interesante del opositor Ricardo López Murphy: buscar un pacto de gobernabilidad. “No lo necesitamos, porque no somos débiles”, clamó el número dos del poder kirchnerista.

Alberto Fernández parece no conocer demasiado de estrategia política, y menos de psicología. Sigmund Freud sería el primero en advertir que lo que se niega con más énfasis, es la pura verdad.

El Gobierno se dice a sí mismo que no es débil, pero cada uno de sus actos revela que así se siente. Y lo más curioso es que no tiene ninguna razón para tener esa sensación. Como pocas veces se ha visto en la historia democrática, Kirchner maneja los hilos del país a su antojo, sin tener en cuenta ni por un instante la opinión de la oposición, a la que demoniza como en tiempos de totalitarismos y dictaduras.

Nunca convocó a dirigentes de otros partidos para consensuar o al menos analizar políticas. Así no actúan los demócratas. Nunca dialogó con nadie que no sea de su más estrecho palo. Sólo se muestra más dócil ante Roberto Lavagna, el hombre cuya capacidad reivindican los archirrivales del kirchnerismo, los duhalidstas, pero a quien les resulta imposible desgastar con los insultos y castigos habituales con que el Presidente “pone a raya” a los propios que no lo obedecen a ciegas. Lavagna es, hoy por hoy, el sustento verdadero de la estabilización de este gobierno.

El gesto exorbitante que Kirchner demostró en las dos últimas manifestaciones piqueteras hablan más de debilidad que de convicciones políticas. Kirchner y sus hombres no se cansaron de criticar a la oposición que reclamaba límites a las protestas callejeras. Siempre se mostró inactivo e indiferente a las manifestaciones. Hasta que de la noche a la mañana, pasó al otro extremo para ponerles un violento freno, y prácticamente “militarizó”, aunque con policías, a las zonas donde se anunciaban protestas piqueteras.

¿Cuál habrá sido la razón de un giro tan violento en sus posturas sobre el tema? Sin duda los encuestadores, que terminaron por convencerlo que la sociedad está harta de esa modalidad de protesta y reclama más protección. No importaron entonces las palabras antes dichas. Si se pierden votos por una política antes defendida a rajatabla, nada impide que de un día para el otro, se sustente y se actúe en contra de sus propios pensamientos.

Kirchner debería comprender la peligrosidad de los vaivenes que no están dictados por programas e ideologías, sino sólo por mezquinas conveniencias electorales.